viernes, 27 de marzo de 2020

ANNAPURNA PRIMER OCHOMIL



"SIEMPRE HABRÁ OTROS ANNAPURNAS EN LA VIDA DE LOS HOMBRES"

"A los pies de la diosa de la fecundidad se cierra un círculo que comenzó hace 50 años". Éstas son las primeras palabras de este documental filmado en formato cine (súper 16 mm) que narra en paralelo la hazaña de Maurice Herzog y Juan Oiarzabal. Con la ascensión a esta montaña de 8.091 metros situada en el Himalaya (Nepal), el escalador alavés se convirtió en el primer español y el sexto del mundo en culminar con éxito las 14 ochomiles. En su nueva aventura, el equipo de Al filo de lo imposible consiguió implicar a Herzog (80 años), quien tras aquella proeza humana sufrió graves amputaciones en todos los dedos de las manos y de los pies. "Las cámaras fueron testigos de muchos momentos emocionantes, sobre todo cuando Maurice volvió a pisar el Annapurna", recordó ayer Sebastián Álvaro durante la presentación del reportaje, acto al que acudieron el propio Herzog y Oiarzabal. El director del programa señaló que este documental, cuya preparación les costó dos años y dos intentos hasta coronar la cumbre, se encuentra entre lo mejor que han realizado hasta la fecha. "No es una simple historia de montañismo. Podría estar entre las grandes narraciones literarias como La Odisea", añadió.
Juan Oiarzabal, Ferrán Latorre y Juan Vallejo alcanzaron la cima el 29 de abril del año pasado. Subieron con la última página de Annapurna, primer 8.000, "mítico libro de montaña escrito por Herzog del que se han vendido más de 15 millones de ejemplares y que resume la filosofía y el espíritu de los que nos dedicamos al alpinismo", dijo Sebastián Álvaro. "Al llegar a la cumbre dejamos volar el texto de Maurice cumpliendo su deseo", terció Oiarzabal.

Las filmaciones del equipo de TVE se mezclan con imágenes realizadas por Marcel Ichal bajo el título Victoria sobre el Annapurna de 1950"; instántaneas de la cámara de ocho milímetros que portaba Francis de Noyalle, compañero de expedición de Maurice, así como documentos de época y fotografías que enriquecen la producción de Al filo.
Herzog, después de visionar el documental, felicitó a todo el equipo "'por su admirable trabajo y la calidad de las imágenes'' y se mostró profundamente conmovido: "Ver estos paisajes después de tantos años pone de manifiesto que nosotros cambiamos, pero la montaña permanece inalterable"



























lunes, 23 de marzo de 2020

PURA VIDA Rescate de Iñaki Ochoa



Pura vida es un magnífico documental que jnarra por los propios protagonistas el intento de rescate de Iñaki Ochoa en el Annapurna en mayo de 2008 un ejemplo de solidaridad y compromiso en la montaña, recorrieron medio mundo para contar con el testimonio directo de los protagonistas, uno de ellos, Alexei Bolotov, que siguió en solitario hacia la cima, descendió con un edema y a pesar de eso intentó volver a subir, en 2013 fallecía al romperse una cuerda intentando una nueva vía en el Everest, Ueli Steck corría la misma suerte por una caída en el Nupse en 2017.















domingo, 22 de marzo de 2020

SHAKLENTON Y LA MAYOR HISTORIA DE SUPERVIVENCIA JAMÁS CONTADA




Se necesitan hombres para viaje peligroso. Salarios bajos, frío extremo, meses de completa oscuridad, peligro constante, retorno ileso dudoso. Honores y reconocimiento en caso de éxito’. Este anuncio apareció en la prensa londinense en 1914 y sorprendentemente miles de exploradores acudieron a su llamada. El anunciante era el viajero Ernest Shackleton. Su objetivo: atravesar por primera vez el continente antártico.
Para ello había concebido un plan perfectamente trazado: navegarían de Londres a Buenos Aires y después al archipiélago de las Islas de Georgia del Sur. Desde allí, la expedición se internaría en el Mar de Weddell, cruzaría a pie la Antártida y saldría por el sur, al otro lado, donde les esperaría un barco. La distancia a cubrir era inmensa y el paisaje, desolado. La superficie de hielo de la Antártida, conformada por montículos y grietas capaces de engullir un trineo completo arrastrado por perros, es inhóspita. El clima registra la temperatura más baja de la Tierra, que puede descender hasta ochenta y nueve grados bajo cero.
Ernest Shack
leton, explorador de prestigio, estaba convencido de ser la persona idónea para acometer tan formidable empresa. El osado expedicionario, junto a su amigo Frank Wild, de tranquilo y sosegado carácter, con quien conformaba un perfecto tándem, seleccionó a 27 tripulantes de entre todos aquellos que acudieron a su llamada. Un tal Blackborow, que se coló como polizón, completaría el número final de los exploradores, veintiocho en total.
Enrolada la tripulación, Shackleton buscó un barco marinero que los condujese al sur. Encontró el bergantín Endurance, construido por unos famosos astilleros noruegos, que podía navegar a vapor y a vela, y que había sido diseñado especialmente para acometer un viaje polar, revestido su cascarón de maderas seleccionadas para resistir el embate de los hielos. Pero desafortunadamente, a diferencia de los modernos rompehielos, es incapaz de navegar sobre el hielo pese a su quilla, en forma de uve.
A finales de agosto de 1914, el Endurance parte de Londres bajo el mando de Frank Worsley. Shackleton permanece en Inglaterra recaudando fondos y se une a su tripulación en Buenos Aires. El 5 de diciembre parten de la estación ballenera de Grytviken, con destino a la Antártida, llevando vestimenta extra y un talante circunspecto tras recibir negativas previsiones climatológicas

El desastre ocurre el 19 de agosto de 1915, cuando el hielo se cierra como un anillo alrededor del Endurance en la zona del mar de Weddell. Los 28 pasajeros abandonan el barco antes de que se hunda y ‘el Jefe’, auténtico líder en ciernes, toma el mando. Shackleton crea una suerte de campamento donde logra que su tripulación sobreviva durante seis meses. 
Haciendo uso de sus dotes de liderazgo, el explorador, acreedor del apelativo de ‘el Jefe’ establece las directrices que mantendrán con vida a su tripulación. A sus órdenes logran sobrevivir sacrificando a los perros que conducían los trineos y cazando focas. Consciente de que la expedición se halla condenada al fracaso, cambia el rumbo para dirigirse a la isla Elefante, donde se quedan 22 tripulantes. Los otros seis, a las órdenes de ‘el Jefe’, logran llegar a Georgia del Sur en busca de ayuda. Un año después, el mes de agosto de 1916, un remolcador chileno rescataría a los otros 22, presas ya de la desesperación en la isla Elefante. Todos regresarán a Inglaterra sanos y salvos. Hoy sigue siendo referencia a la hora de estudiar las dotes de liderazgo en todos los, ámbitos de la vida..


sábado, 21 de marzo de 2020

NANGA PARBAT, la montaña asesina








Gunther y Reinhold Messner en un momento de la ascensión
En 1970, Reinhold Messner y su hermano Günther se convirtieron en los primeros alpinistas  de la historia en alcanzar la cima del Nanga Parbat, por la cara Rupal. Pero no fue una victoria, sino la mayor de las pesadillas para Reinhold, quien no solo vería morir a su hermano durante el descenso, también vio como sus compañeros de expedición le culpaban de abandonar a su hermano, hecho que se convirtió en el mayor punto negro en la exitosa carrera de de Reinhold Messner, hasta que muchos años después fuese declarado inocente de todos los hechos de los que había sido acusado durante tantos años.
Eran tiempos distintos. Los paises veían el alpinismo como una forma de exhibición de fuerza ante el mundo, los gobiernos financiaban las expediciones a las grandes cimas del planeta. Entonces, Alemania comenzó su asedio al Nanga Parbat a principios de los años treinta, después de tentar al Kangchenjunga hasta en dos ocasiones, para terminar decidiendo que se trataba de un objetivo demasiado peligroso. En el Nanga sin embargo sería todo obstinación, tozudez y sacrificio fanático. Al acabar la década se habían perdido 31 vidas en cinco expediciones alemanas a la montaña, sin ni si quiera acercarse a la cima.
Tuvieron que esperar hasta 1953 para lograrlo. El primer ascenso lo consiguieron por la cara Rakhiot en una expedición que terminaría por convertirse en leyenda, ya que el austriaco Hermman Buhl protagonizó una escapada en solitario de casi 1500 metros de 40 horas de duración, que le llevaría a ser la única persona que a coronado la cima virgen de un 8000 en solitario.






Hermman Buhl durante la dramática expedición de 1970.

Por si pudiera quedar alguna duda de que la montaña les pertenecía, los alemanes volvieron al Nanga una y otra vez durante las dos décadas siguientes. Estaban decididos a ser los primeros en doblegar cada una de sus caras. Herrligkoffer, obsesionado con esta montaña, organizaría en total ocho expediciones. En 1962, otra vez bajo su mando, tres alpinistas alcanzaron la cumbre escalando por la vertiente Diamir. La vía que utlizaron, la Kinshofer, discurre por un espolón en el lado izquierdo de la pared, a resguardo de las constantes avalanchas que barren el centro de la Diamir. Hoy es considerada la vía normal del Nanga. Después de aquello ya sólo quedaba una pared por conquistar en el Nanga, la Rupal, que con un desarrollo vertical de 4.600 metros es la mayor pared de la Tierra. A mediados de los años sesenta, aquel era un reto de otra época. 
https://youtu.be/uB4wyfV1Hgo

Fuente: escalando. eu

miércoles, 18 de marzo de 2020

TOCANDO EL VACIO, la tragedia de Joe Simpson y Simon Yates





La relación entre el ser humano y la montaña es difícil de comprender para la mayoría de personas. La incomparable sensación de coronar una cima tras un esfuerzo extremo se entrelaza con los incontables peligros que se esconden tras sus escarpadas paredes. Con todos sus riesgos, sin embargo, el alpinismo despierta en algunos hombres una parte instintiva que les engancha y que, en algunos casos, puede salvarles la vida en situaciones inimaginables.
Las historias de supervivencia en el mundo del alpinismo dejan boquiabiertos a la mayoría de aficionados a esta disciplina. Una de las vivencias más impactantes de los últimos tiempos fue la relatada en el libro Tocando el vacío (Ediciones Desnivel) y en el posterior documental con el mismo nombre (2004). En ellos, Joe Simpson, un alpinista británico, narra su agónica aventura junto a su amigo Simon Yates en el Siula Grande (6.344 metros) en Perú en 1985.
Joe y Simon eran dos jóvenes montañistas de altura con experiencia en los Alpes. Atentos a cualquier reto al que pudieran enfrentarse, el Siula Grande y su cara occidental nunca escalada se convirtió en el escenario perfecto para demostrar sus habilidades.
Ya en el pie de la montaña, y con la compañía de Richard Hawkin, un joven inexperto que conocieron en el camino y que les cuidaría el campamento base, decidieron cuál sería el método de subida. Optaron por el estilo alpino, el que dominaban, y que les permitiría lograr la cima en poco tiempo acarreando sólo la mochila con algo de ropa, comida, material de escalada y bombonas de gas. Con este método se evitaban instalar más campamentos que el base y les permitiría cavar pequeñas cuevas en la nieve para dormir y fundir la nieve y así poder beber los cinco litros de agua que necesitaban al día.
La cara occidental del Siula Grande resultó ser mucho más compleja de lo que habían previsto. Pese a avanzar de forma muy ligera el primer día, el segundo se encontraron escalando grandes cornisas de nieve en polvo que evitaban encontrar puntos de apoyo. Envueltos en un temporal de nieve y viento, Joe y Simon pararon después de haber avanzado 50 metros en 6 horas. No fue hasta el tercer día cuando lograron coronar la cima. Pero lo peor estaba por llegar.
El 80% de los accidentes en alta montaña se producen en el descenso y ellos lo sabían. El cuarto día se quedaron sin gas, cosa que significaba no tener agua hasta su regreso al campamento base. La tormenta de nieve se recrudeció y, cuando creían haber superado el peor tramo, Joe cayó por una cornisa y se rompió la tibia derecha hasta la rodilla. Ambos sabían que, de seguir juntos, el final más probable era la muerte. Conscientes de que no podrían rescatarles, decidieron descender juntos. Con dos cuerdas de 50 metros atadas, Simon lograría bajar a Joe 100 metros aguantando su peso, Joe fijaría su posición con un piolet y Simon podría encontrarse con él de nuevo para repetir la misma operación. Era el primer rescate realizado por un solo hombre en una situación tan extrema.
La montaña, sin embargo, les deparaba más sorpresas. Sin darse cuenta, Yates hizo pasar a Simpson por encima del borde de una grieta. La pendiente pronunciada se convirtió en pared vertical y ya no tenía donde agarrarse. Simon aguantó a peso a su compañero durante dos eternas horas en medio de un temporal de viento y nieve. No se oían y tampoco sabían en qué punto se encontraba el otro. Yates pensaba que su compañero había muerto y, temiendo por su vida y sin poder hacer nada más, cortó la cuerda.
Milagrosamente, Joe sobrevivió a una caída de más de 50 metros y aterrizó en el fondo de una sima. Cuando vio la cuerda que se elevaba hasta la apertura de la grieta por la que había caído, tiró para saber si el cuerpo de su compañero se encontraba en el otro extremo, pero lo único que vio fue el extremo cortado. En ese momento se alegró por pensar que Simon probablemente seguiría vivo, pero supo que él no lo lograría. Se vio muerto, lleno de miedo, frustración y soledad.
Tras la búsqueda infructuosa de su amigo, Simon llegó tambaleándose al campamento el quinto día después de un dificilísimo descenso.
Mientras tanto, y ante la imposibilidad de escalar la sima, Joe descendió con sólo una pierna y con un dolor atroz hasta lo más profundo de la grieta y logró alcanzar una salida a duras penas. Ya en el exterior, el maltrecho montañista británico recorrió, arrastrándose y medio perdido, un glaciar plagado de grietas escondidas por la nieve. Lo único que le impulsaba a seguir era su instinto. Debía luchar con una deshidratación y desnutrición extremas y con una ceguera parcial debido a que sus corneas se quemaron por el sol. Además, seguía con un dolor insoportable en la pierna derecha.
La locura se apoderaba de su mente. El sexto día se convirtió para Simpson en un suplicio de dolor, pero la idea de sobrevivir le mantenía avanzando. El séptimo día, derrotado física y mentalmente, desfalleció y se abandonó a su delirio. Joe todavía recuerda cómo, en ese momento, en su cabeza solo había una cosa: una canción. Brown girl in the ring , de Bonney M, sonó en su mente de forma tan insistente que él solo pudo pensar “hay que joderse, voy a morir con Bonney M”.
Fue en ese instante que notó un olor que le resultó familiar. Estaba muy cerca del lugar que usaron como letrina en el campamento base y gastó los últimos resquicios de fuerza y esperanza en gritar desesperadamente a su compañero. Simon, incrédulo, le oyó y le encontró, y lo primero que escuchó por boca de Joe fue “yo hubiera hecho lo mismo”.
Durante los tres días de descenso, Joe perdió un tercio de su peso. Tras dos años y seis operaciones, Simpson volvió a escalar. A su regreso a Inglaterra Simon recibió durísimas críticas de la comunidad de escaladores, pero Joe siempre le defendió. El Siula Grande fue el escenario de una de las luchas más grandes intaladas en el sino de todo ser humano: el instinto de supervivencia. 







domingo, 5 de enero de 2020

RUTA 50 " EL CAINEJO ANDALÚ"


No me acuerdo muy bien porque yo era muy pequeño, pero según mi madre vine a este mundo allá por diciembre del 69, del siglo, que digo del siglo, del milenio pasado, hace como 2600 semanas, 18000 días, 438000 horas! osea que he tenido tiempo suficiente par preparar esta ruta, coincidiendo con este 50 cumpleaños pensé en una actividad con el 5 y el 0 como protagonistas, así nació la ruta 50 que en principio andaría en torno a los 50 kms con 5.000 metros de desnivel positivo, al darnos cuenta de la similitud de cifras la llamamos EL Cainejo Andalú
un desnivel técnico acorde con la experiencia acumulada dentro de lo que tenemos por la zona,  muchas vueltas al mapa para diseñar sin repetir caminos ni realizar bucles que solo buscasen acumular sin aportar nada interesante. Tras un primer aplazamiento debido a las alertas meteorológicas el pasado 28 de diciembre a las 22h 30m salimos desde Marbella, cadena de Puerto Rico bajo mi compañero habitual Pepe Godoy y Luciano Cerliani que se estrenaba en estas " aventuras" con sobresaliente



Me quedo pensando frente al teclado y aunque por una parte me gustaría dejar constancia con una crónica al uso describiendo el recorrido y como lo vamos realizando, no me sale así.
 Frontales encendidos, primeros pasos, charla amena, de vez en cuando el pensamiento vuela para irse un poco mas adelante, allá donde en plena noche habremos de afrontar un terreno muy complicado, que si de día ya tiene un riesgo significativo se multiplica con la oscuridad, la posibilidad de que la helada moje la caliza y que el cansancio o el sueño mermen los reflejos, a nuestro favor, no tenemos prisa, prima ANTE TODO LA SEGURIDAD


  .  y a ser posible terminar sin percances significativos, Cruz de Juanar, otrora  faro para navegantes hoy en día lugar casi de peregrinación para los que amamos estas montañas, no hay tiempo a parar pues la brisa sopla y evitamos coger frío, Salto del  Lobo, pequeñisimo aperitivo de lo que vendrá, Arroyo de las Piedras, no se calentó la cabeza  el que lo bautizó, vertiginoso  y complicado descenso donde en un par de kms bajamos lo que subimos en el triple de distancia, en este tiempo no solo no se pisa tierra firme, ni siquiera se hace en piedra firme, importante castigo articular y muscular solo para mantenerse  en pie, cosa que no siempre se logra, un giro a la
derecha un cambio de arroyo lleva a ascender en menos distancia mas del desnivel perdido antes, lo que obliga a trepar, a concentrarse en buscar el agarre bueno, el apoyo para la punta de la zapatilla, allá abajo las luces de una Marbella totalmente ajena a nuestra locura, una cuerda, una linea de vida, un patio de caída que para nosotros mide lo que alcanza el foco

superada la cota de los 1.000 m.s.n.m. comienza a  envolvernos una niebla que al llegar arriba se convierte en espesa, La Concha, centinela de la costa, imagen de postal para turistas, e nos oculta, nos obliga a tirar de gps para asegurarnos que comenzamos a dirigirnos a Istán la madrugada avanza a la par que vamos sorteando numerosas cañadas, del Castillejo, Gracia León, la Lomilla de Enmedio, el suelo muy mojado obliga a ir alerta, no así por el recorrido, excesivamente señalizado con elementos reflectantes, muy mal, vale que en un sendero ofertado por el ayuntamiento haya señales que ayuden, pero no olvidemos que estamos en la montaña, y hay que respetar y dejar  la menor huella humana posible, ya digo  que a ser posible las únicas fuesen las de nuestros zapatos. Istán nos recibe una hora antes del amanecer con las temperaturas más bajas, por 

.
unas horas cambiamos  la montaña caliza por verdes bosques, a buen seguro  de que testigoslos  los viejos arboles que nos ven pasar ya fueron testigos de las luchas entre moros y cristianos,  senderos casi perdidos, memoria de antiguas formas de vida, Al fondo los primeros rayos de sol iluminan el Torrecilla  techo de nuestro lado de Andalucía,  imponente mole de la Sierra de las Nieves a la que nos aproximamos por fin pudiendo trotar largo rato por la pista de Zarzalones, el amigo Rafa,pastor de  pinsapos, se nos une para hacer de inmejorable guía en la aproximación a Río Verde, cabecera de Loma Larga que en una línea casi imposible asciende 1.600 metros de desnivel positivo en menos de 6 kms, la fuerzas cada vez más justas, las nubes se forman bajo nosotros, sol radiante por arriba, imagen montañera de las que nos gustan, como toda la actividad, en la discusión de que montaña queremos, si la pausada o la de dorsal y no levantar la cabeza,  me gustan las dos pero de tener que elegir, dejarme la primera. Tras alargar el plan inicial, los números protagonistas quieren ser los mismos, el 50, 50 kms en la concurrida cima y sorpresa con dulce y velas del 50 cumpleaños, ahí nos esperaban muy largo rato Antonio Tineo y Víctor Doblas, poniendo su grano en la logística de coches, queda bajar a Quejigales, ya con la sensación del trabajo hecho, con una amena charla alcanzamos el objetivo que celebramos con unas cervezas, lo que en la cabeza fue otra de esas " locuras sanas" pudimos,primero sobre un mapa y luego sobre el terreno hacerlo realidad, gracias Pepe, gracias Luciano,  y siempre gracias a mi Yoli, por entenderme, o por lo menos respetarme, como soy.

viernes, 8 de marzo de 2019

ALFONSINA STRAVA, UNA MUJER EN EL GIRO




  Hace unos días me topé en internet con la carta escrita por el periodista de Il Messaggero Ruggero Campi, publicada en la Crónica de la región de Umbría del mismo periódico, en la que le pedía al alcalde de Perugia [capital de Umbría, N. del T.] dedicarle una calle de la ciudad a Alfonsina Strada.  Se trata de la primera y única mujer que ha participado en el Giro de Italia masculino. Nace el 16 de marzo de 1891 en Riolo di Castelfranco Emilia, en una familia pobre y numerosa. Con diez años descubre la bicicleta: una vieja bici que su padre había llevado a la casa. Será amor a primera vista. En 1924, el Giro abre la competición a corredores sin equipo.  Hace unos días me topé en internet con la carta escrita por el periodista de Il Messaggero Ruggero Campi, publicada en la Crónica de la región de Umbría del mismo periódico, en la que le pedía al alcalde de Perugia [capital de Umbría, N. del T.] dedicarle una calle de la ciudad a Alfonsina Strada.  Se trata de la primera y única mujer que ha participado en el Giro de Italia masculino. Nace el 16 de marzo de 1891 en Riolo di Castelfranco Emilia, en una familia pobre y
numerosa. Con diez años descubre la bicicleta: una vieja bici que su padre había llevado a la casa. Será amor a primera vista. En 1924, el Giro abre la competición a corredores sin equipo. Para Alfonsina Strada se trata de la ocasión de su vida. En los años sucesivos, consigue entrenarse con regularidad, corriendo por la Vía Emilia [calzada romana que une Piacenza y Rimini, N. del T.] y participando cada domingo en competiciones contra otras mujeres. En poco tiempo, llega a ser considerada la mejor ciclista italiana. Más tarde se traslada a Milán, conoce y se casa con Luigi Strada, del cual toma el apellido. Alfonsina quiere seguir corriendo, pero muchos eventos deportivos son cancelados: corre el año 1917 y estamos en plena Guerra Mundial. Pero el Giro de Lombardía no se cancela. Y Alfonsina se inscribe, con el número 74. Salida y llegada desde y a Milán, 204 kilómetros para pedalear junto a Girardengo y otros ciclistas masculinos de la época. Llegará última, una hora y media por detrás del vencedor. Más tarde sucede lo imprevisto. Año 1924. El Giro de Italia tiene problemas para encontrar participantes y los grandes nombres escasean: los equipos han decidido boicotear el evento en señal de protesta contra los organizadores. Temas de dinero. Y así, el Giro abre la competición a corredores sin equipo. Para Alfonsina Strada se trata de la ocasión de su vida. La aceptan solo tres días antes de la salida. 3613 kilómetros en doce etapas, desde el 10 de mayo hasta el 1 de junio. Noventa participantes. En la primera etapa, su presencia pasa casi desapercibida, pero en la segunda aumenta el público y Alfonsina se vuelve cada vez más popular. En la octava etapa, entre L'Aquila y Perugia, Alfonsina entra en crisis: dolores en brazos y piernas, efecto de las numerosas caídas durante las jornadas anteriores. Llega fuera del tiempo máximo. Podrá acabar el Giro gracias a una derogación especial del jurado, preocupado por perder el único motivo de interés de la edición. Alfonsina consigue concluir el Giro, llega a Milán. Solo 30 de los 90 inscritos lo han logrado, y Alfonsina está ahí. Al final de la última etapa es acogida triunfalmente por el público: aplausos, alegría, felicidad. Durará poco: el de 1924 fue el primer y único Giro de Italia de Alfonsina. Nunca más la aceptaron. A cada una de sus peticiones, todos los años, la misma respuesta: no idónea. Para poder vivir, Alfonsina tendrá que pedalear con su bicicleta bajo la carpa de un circo en Francia y España. Aún así, conseguirá darse alguna satisfacción. En 1938, con casi 50 años, establece en Saint Germain el récord mundial femenino de las 12 horas. En 1956, participa en su última competición, con 65 años, una carrera para veteranos en un circuito en Nova Milanese, y resulta vencedora. Durante ese tiempo, trabajaba en un taller de su propiedad para la venta y reparación de bicicletas. No obstante, su historia no tendrá un final feliz, Alfonsina morirá trágicamente. Es el 13 de septiembre de 1959, domingo por la noche. Tras haber viajado con su moto Guzzi para ver la salida de la carrera de los Tres Valles de Varese, vuelve a casa. Alfonsina está triste: nadie la ha reconocido y así se lo cuenta a la portera de su casa. Más tarde decide ir a aparcar la moto al taller. Pero su Guzzi lleva todo el día dándole problemas. Con el pedal intenta arrancarla varias veces y, durante el enésimo intento, la moto se le cae encima. Su corazón no soporta el esfuerzo y muere antes de llegar al hospital. A Alfonsina Strada se le han dedicado varias calles en Italia, pero hasta la fecha ninguna en Perugia, ciudad donde la ciclista llegó fuera del tiempo máximo durante su primer y único Giro de Italia. Y donde, gracias a una derogación, consiguió terminar la competición y entrar en la leyenda de este deporte. Quizás la petición del periodista de Il Messaggero será satisfecha y habrá en el futuro una calle en Perugia dedicada a esta mujer extraordinaria, en el deporte y en la vida. A Alfonsina se le han dedicado también varias obras teatrales, canciones, se han escrito libros sobre su historia y se ha hablado frecuentemente de ella en los medios de comunicación. No obstante, a un siglo de distancia de sus gestas, algo nos dice que no será nunca suficiente, y que vale la pena contar su historia, siempre.   Hace unos días me topé en internet con la carta escrita por el periodista de Il Messaggero Ruggero Campi, publicada en la Crónica de la región de Umbría del mismo periódico, en la que le pedía al alcalde de Perugia [capital de Umbría, N. del T.] dedicarle una calle de la ciudad a Alfonsina Strada.  Se trata de la primera y única mujer que ha participado en el Giro de Italia masculino. Nace el 16 de marzo de 1891 en Riolo di Castelfranco Emilia, en una familia pobre y numerosa. Con diez años descubre la bicicleta: una vieja bici que su padre había llevado a la casa. Será amor a primera vista. En 1924, el Giro abre la competición a corredores sin equipo. Para Alfonsina Strada se trata de la ocasión de su vida. En los años sucesivos, consigue entrenarse con regularidad, corriendo por la Vía Emilia [calzada romana que une Piacenza y Rimini, N. del T.] y participando cada domingo en competiciones contra otras mujeres. En poco tiempo, llega a ser considerada la mejor ciclista italiana. Más tarde se traslada a Milán, conoce y se casa con Luigi Strada, del cual toma el apellido. Alfonsina quiere seguir corriendo, pero muchos eventos deportivos son cancelados: corre el año 1917 y estamos en plena Guerra Mundial. Pero el Giro de Lombardía no se cancela. Y Alfonsina se inscribe, con el número 74. Salida y llegada desde y a Milán, 204 kilómetros para pedalear junto a Girardengo y otros ciclistas masculinos de la época. Llegará última, una hora y media por detrás del vencedor. Más tarde sucede lo imprevisto. Año 1924. El Giro de Italia tiene problemas para encontrar participantes y los grandes nombres escasean: los equipos han decidido boicotear el evento en señal de protesta contra los organizadores. Temas de dinero. Y así, el Giro abre la competición a corredores sin equipo. Para Alfonsina Strada se trata de la ocasión de su vida. La aceptan solo tres días antes de la salida. 3613 kilómetros en doce etapas, desde el 10 de mayo hasta el 1 de junio. Noventa participantes. En la primera etapa, su presencia pasa casi desapercibida, pero en la segunda aumenta el público y Alfonsina se vuelve cada vez más popular. En la octava etapa, entre L'Aquila y Perugia, Alfonsina entra en crisis: dolores en brazos y piernas, efecto de las numerosas caídas durante las jornadas anteriores. Llega fuera del tiempo máximo. Podrá acabar el Giro gracias a una derogación especial del jurado, preocupado por perder el único motivo de interés de la edición. Alfonsina consigue concluir el Giro, llega a Milán. Solo 30 de los 90 inscritos lo han logrado, y Alfonsina está ahí. Al final de la última etapa es acogida triunfalmente por el público: aplausos, alegría, felicidad. Durará poco: el de 1924 fue el primer y único Giro de Italia de Alfonsina. Nunca más la aceptaron. A cada una de sus peticiones, todos los años, la misma respuesta: no idónea. Para poder vivir, Alfonsina tendrá que pedalear con su bicicleta bajo la carpa de un circo en Francia y España. Aún así, conseguirá darse alguna satisfacción. En 1938, con casi 50 años, establece en Saint Germain el récord mundial femenino de las 12 horas. En 1956, participa en su última competición, con 65 años, una carrera para veteranos en un circuito en Nova Milanese, y resulta vencedora. Durante ese tiempo, trabajaba en un taller de su propiedad para la venta y reparación de bicicletas. No obstante, su historia no tendrá un final feliz, Alfonsina morirá trágicamente. Es el 13 de septiembre de 1959, domingo por la noche. Tras haber viajado con su moto Guzzi para ver la salida de la carrera de los Tres Valles de Varese, vuelve a casa. Alfonsina está triste: nadie la ha reconocido y así se lo cuenta a la portera de su casa. Más tarde decide ir a aparcar la moto al taller. Pero su Guzzi lleva todo el día dándole problemas. Con el pedal intenta arrancarla varias veces y, durante el enésimo intento, la moto se le cae encima. Su corazón no soporta el esfuerzo y muere antes de llegar al hospital. A Alfonsina Strada se le han dedicado varias calles en Italia, pero hasta la fecha ninguna en Perugia, ciudad donde la ciclista llegó fuera del tiempo máximo durante su primer y único Giro de Italia. Y donde, gracias a una derogación, consiguió terminar la competición y entrar en la leyenda de este deporte. Quizás la petición del periodista de Il Messaggero será satisfecha y habrá en el futuro una calle en Perugia dedicada a esta mujer extraordinaria, en el deporte y en la vida. A Alfonsina se le han dedicado también varias obras teatrales, canciones, se han escrito libros sobre su historia y se ha hablado frecuentemente de ella en los medios de comunicación. No obstante, a un siglo de distancia de sus gestas, algo nos dice que no será nunca suficiente, y que vale la pena contar su historia, siempre.   Alfonsina Strada se trata de la ocasión de su vida. En los años sucesivos, consigue entrenarse con regularidad, corriendo por la Vía Emilia [calzada romana que une Piacenza y Rimini, N. del T.] y participando cada domingo en competiciones contra otras mujeres. En poco tiempo, llega a ser considerada la mejor ciclista italiana. Más tarde se traslada a Milán, conoce y se casa con Luigi Strada, del cual toma el apellido. Alfonsina quiere seguir corriendo, pero muchos eventos deportivos son cancelados: corre el año 1917 y estamos en plena Guerra Mundial. Pero el Giro de Lombardía no se cancela. Y Alfonsina se inscribe, con el número 74. Salida y llegada desde y a Milán, 204 kilómetros para pedalear junto a Girardengo y otros ciclistas masculinos de la época. Llegará última, una hora y media por detrás del vencedor. Más tarde sucede lo imprevisto. Año 1924. El Giro de Italia tiene problemas para encontrar participantes y los grandes nombres escasean: los equipos han decidido boicotear el evento en señal de protesta contra los organizadores. Temas de dinero. Y así, el Giro abre la competición a corredores sin equipo. Para Alfonsina Strada se trata de la ocasión de su vida. La aceptan solo tres días antes de la salida. 3613 kilómetros en doce etapas, desde el 10 de mayo hasta el 1 de junio. Noventa participantes. En la primera etapa, su presencia pasa casi desapercibida, pero en la segunda aumenta el público y Alfonsina se vuelve cada vez más popular. En la octava etapa, entre L'Aquila y Perugia, Alfonsina entra en crisis: dolores en brazos y piernas, efecto de las numerosas caídas durante las jornadas anteriores. Llega fuera del tiempo máximo. Podrá acabar el Giro gracias a una derogación especial del jurado, preocupado por perder el único motivo de interés de la edición. Alfonsina consigue concluir el Giro, llega a Milán. Solo 30 de los 90 inscritos lo han logrado, y Alfonsina está ahí. Al final de la última etapa es acogida triunfalmente por el público: aplausos, alegría, felicidad. Durará poco: el de 1924 fue el primer y único Giro de Italia de Alfonsina. Nunca más la aceptaron. A cada una de sus peticiones, todos los años, la misma respuesta: no idónea. Para poder vivir, Alfonsina tendrá que pedalear con su bicicleta bajo la carpa de un circo en Francia y España. Aún así, conseguirá darse alguna satisfacción. En 1938, con casi 50 años, establece en Saint Germain el récord mundial femenino de las 12 horas. En 1956, participa en su última competición, con 65 años, una carrera para veteranos en un circuito en Nova Milanese, y resulta vencedora. Durante ese tiempo, trabajaba en un taller de su propiedad para la venta y reparación de bicicletas. No obstante, su historia no tendrá un final feliz, Alfonsina morirá trágicamente. Es el 13 de septiembre de 1959, domingo por la noche. Tras haber viajado con su moto Guzzi para ver la salida de la carrera de los Tres Valles de Varese, vuelve a casa. Alfonsina está triste: nadie la ha reconocido y así se lo cuenta a la portera de su casa. Más tarde decide ir a aparcar la moto al taller. Pero su Guzzi lleva todo el día dándole problemas. Con el pedal intenta arrancarla varias veces y, durante el enésimo intento, la moto se le cae encima. Su corazón no soporta el esfuerzo y muere antes de llegar al hospital. A Alfonsina Strada se le han dedicado varias calles en Italia, pero hasta la fecha ninguna en Perugia, ciudad donde la ciclista llegó fuera del tiempo máximo durante su primer y único Giro de Italia. Y donde, gracias a una derogación, consiguió terminar la competición y entrar en la leyenda de este deporte. Quizás la petición del periodista de Il Messaggero será satisfecha y habrá en el futuro una calle en Perugia dedicada a esta mujer extraordinaria, en el deporte y en la vida. A Alfonsina se le han dedicado también varias obras teatrales, canciones, se han escrito libros sobre su historia y se ha hablado frecuentemente de ella en los medios de comunicación. No obstante, a un siglo de distancia de sus gestas, algo nos dice que no será nunca suficiente, y que vale la pena contar su historia, siempre.
Fuente : Daniele Coltrinari
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