lunes, 14 de agosto de 2017

LAS DOCE DE.................MANUEL MERILLAS


Las doce de..... nos dan la oportunidad de conocer un poco mas a Manuél Merillas, un gran palmarés a sus 26 años, unos records en el Anillo de Picos que costará trabajo arrebatárselo, un corredor al que da gusto seguir por su simpatía y humildad que empieza a ver la luz al final del túnel de una larga lesión, no duden de que volverá con mas fuerza.
NOMBRE: Manuel   Merillas Moledo 


EDAD: 26 años


DEPORTE (actividad): Carreras por montaña y esquí de montaña
POBLACIÓN: Valseco (León )

 1.- ¿Cómo y cuándo empezaste a practicar?
Empecé a correr a los 18 años,para mejorar en el fútbol,pero al final me engancho mucho más la montaña ya que desde pequeño en mi casa ya fuera con el ganado o el día a día era estar en el monte.

2.- ¿Qué tiempo semanal dedicas?
Según el tipo de semana que sea, pero entre 16 y 30h

3.- ¿Qué consejo das para quién empiece a practicar?
El consejero que doy siempre es el más sencillo,disfruta con lo que haces y corre o entrena en lugares que te guste estar.

4.- Mejor momento deportivo 
Conseguir cumplir lo planeado en cualquiera de los dos anillos de los picos de Europa 


5.- Peor momento deportivo
La lesión de la que me estoy recuperando después de más de un año

6.- Un/a deportista al que admires
Fran Piñera sin duda el corredor de montaña más completo que conozco

7.- ¿Qué haces para motivarte?
Nada en especial,las ganas y motivación si estoy bien llegan solas

8.- ¿Qué haces cuándo no practicas?
Descansar,estar con la familia o amigos y planear retos que hacer.

9.- ¿Qué objetivos futuros te planteas?
De momento sólo son proyectos tanto para la bici como corriendo y después de la lesión son muchos

10.- ¿Tu pareja también practica?
Si
11.- Respuestas rápidas.

Libro: un burKa por amor

Película: Océanos de fuego

Comida: castañas asadas 

Bebida: agua 

Animal de compañía: Mi perro Zar

12.- ¿A quién nos recomiendas para una próxima entrevista?
A salvador Calvo , Fran Piñera


martes, 7 de febrero de 2017

CARRETERA DE LA MUERTE 2017 -CRÖNICA

 Cinco de la madrugada y suena el despertador en la pensión El Americano de Almería, entre bromas se respira la tensión de saber lo que queda por delante, La Carretera de la Muerte se pone en marcha por novena vez, todos tenemos muchos kilómetros en las piernas, muchas carreras y muchas quedadas, pero esta es especial, tiene un sentido humano mucho mas allá que cualquier otra y a ninguno le gusta fallar en una ocasión así. Desde aquel día del año 2007 en que Paco Contreras lo intentara en solitario por primera vez son nueve ediciones ininterrumpidas , Mark Wolley y Paco en todas ellas, Francisco Berben, Javier Hernandez, Juan Fernandez con varias ediciones y yo como novato, los primeros trotes, túneles hacía Aguadulce, momentos de charla y de bromas se entremezclan con otros de silencio, concentración y reflexión sobre el motivo por el que estamos allí, el sentido de la marcha este año es contrario a la desbandá por cuestiones logísticas, el viento de poniente se suma a la fiesta desde el principio y promete que nos acompañará dando de frente hasta el final, no pasa nada, no tenemos derecho a quejarnos como no podían hacerlo hace ochenta años, primer repostaje en  apenas cuatro horas de trote, vamos en autosuficiencia sin mas asistencia que lo que podamos comprar por el camino por lo que hay que aprovechar por si tenemos tramos largos sin nada abierto, la apertura de la autovía ha traído algo positivo con la reducción del trafico, pero a la par algo negativo, cierran bares y gasolineras por falta de clientela. La aproximación al Ejido ya nos empieza a poner en nuestro sitio la inalcanzable torre que parece que mientras mas corres mas se aleja, y sabes que la vas a alcanzar, pero la mente juega contigo y llegas a dudarlo, como sería para esa caravana humana, vergüenza de nuestra especie que en demasiadas ocasiones parece de todo menos eso, menos humana, por fin queda atrás y poco a poco volvemos a pegarnos a la costa, atravesando Adra, hay otra constante, cuando recorres largos tramos de carretera ansias llegar a una población pero cuando la cruzas se hacen largas, estiradas sobre la costa con polígonos a la entrada y a la salida, así se van echando kilometros a la espalda que van pesando en las piernas, cada vez se levantan menos los pies del suelo, cada vez son un poco mas largos los tramos de silencio con la mirada al frente, o agachando la cabeza por el azote del viento, nos adentramos en la provincia de Granada, en Aguadulce se nos une Antonio Pozo para acompañarnos hasta Nerja, y cae la noche, arrecia el viento y la historia se repite en la interminable recta que lleva a Salobreña, cuando volvemos a pegarnos al mar, ahora con acantilados es imposible no acordarse de esos miles de refugiados en su propio país, acantilados a la izquierda y a la derecha el mar o mas acantilados convertirían esos tramos en autenticas ratoneras, bombardeados desde el aire, desde tierra y como cuentan los supervivientes también desde los barcos que disparaban a la sierra para que la gente muriese aplastada por los desprendimientos. Seguimos adentrandondos en la madrugada, la hora de los monstruos la llamamos por las fugaces alucinaciones producto del cansancio y el sueño que hace estragos en algunos, la pinacha de un bosquecillo de pinos se convierte en un colchón de lujo para una cabezada de apenas media hora para recuperar algo de  ¡fuerzas, pero que también sirve al arrancar de nuevo para darnos cuenta de lo castigado que va el cuerpo, a partir de Almuñecar se suma a la fiesta y sin que nadie la invitara la lluvia, fría y con ganas no nos abandonaria hasta el amanecer, nadie dijo que esto iba a ser fácil, en febrero de 1937 provocó el desbordamiento del rio Guadalfeo, convirtiéndolo en la tumba de muchos niños y mujeres que no pudieron cruzarlo, constantes subidas y bajadas, los acantilados de Maro-Cerro Gordo vuelven a recordar una ratonera, trozos de la carretera antigua parece que traen a nuestra retinas imágenes de lo que fue aquello, bajo nosotros el asfalto en buen estado, buenos zapatos, ellos cuentan que iban por gravilla que rompia los suyos y se vendaban los pies con trapos para protegerlos. En Nerja se suman Antonio y Paco Contreras padre ( Super Paco) para los últimos cincuenta kilómetros, también Elías, Mónica y Elena que nos dará, ahora si, asistencia con el coche, y duele vaya que si duelen los kilómetros, aparecen las ampollas y las lesiones, pero nadie dice la palabra abandono, el viento aprieta y las piernas duelen, pues se baja el ritmo, nadie nos va a cerrar un control de meta, lo importante es llegar, intentar que lleguemos todos sea a la hora que sea, Rincón de la Victoria con su ambiente te hace creer que ya estas, pero es mentira ya los kilómetros miden mucho mas de mil metros, anochece por segunda vez cuando cruzamos los túneles de la Cala del Moral, donde Paco me cuenta cuando pasaba el tren, en sus paredes marcas del bombardeo, se aproxima el final vas deseando llegar, descansar y que se pasan los dolores, pero en un rinconcito del corazón da pena que se termine esta aventura, esta experiencia brutal en todos los sentidos que seguro nos marca un poco mas para siempre, por poner aunque sea una pequeña porción de un pequeño grano de arena para que esta barbarie, no caiga en el olvido, esta sinrazón que por desgracia hoy, ochenta años mas tarde se sigue produciendo en muchos lugares del mundo, en mi caso, las últimas zancadas, los últimos recuerdos van para mis abuelos, para mis padres y tantísimos familiares víctimas de esa maldita guerra fratricida.
P.D, Entre todo esto también muchas bromas, risa y chistes, malos,pero al fin y al cabo chistes jejeje.
P.D. GRACIAS 1 a mis compañeros, sois grandes y me considero un privilegiado por formar parte de esto,
GRACIAS 2 a todos los que nos habéis acompañado, dado asistencia y ánimos, sois muy importantes también.
GRACIAS 3 a mi familia que me permite hacer estas y tantas cosas, os quiero.

miércoles, 1 de febrero de 2017

CARRETERA DE LA MUERTE 2017

Con los zapatos de ellos, de ellos dos y de otros miles mas, en febrero de 1937 se producía en Málaga la Desbandá, las tropas nacionales entraban en la capital mientras miles de personas huían por carretera hacía Almeria, " La carretera de la muerte" mientras se producía, esa penosa caravana humana era bombardeada desde tierra, mar y aire estimándose los muertos entre 3.000 y 5.000 civiles, algunos entre ellos mis abuelos optaron por volver a su pueblo, no corrieron mejor suerte, penurias en el caso de ella y un simulacro de juicio con el triste final de su fusilamiento-asesinato. Unos meses antes mi otro abuelo tuvo que refugiarse en el poblado de la Sauceda, con una historia interesantísima de conocer desde siglos antes, ya la mencionaba Cervantes como refugio de fueras de la ley, por desgracia fue destruida  por la aviación alemana incluso  antes de la famosa Guernica, misma historia con otro desarrollo pero idéntico final, la muerte, un día salió se despidió de mi padre que tenía 8 años y posiblemente lo último que vio de el fueron sus zapatos, los mismos que se dejan entrever en la foto cuando 78 años mas tarde fue desenterrado de la  fosa numero 4 individuo 1 en un terraplén de la finca El Marrufo. Por ellos, por todos, por la memoria de tantas injusticias, como si fuésemos dentro de sus zapatos recorreremos los 215 kms  que separan Almería de Málaga. Imposible no pensar en esto al ver las nuevas caravanas de refugiados del siglo XXI, por desgracia la historia de repite, una utopía soñar que un día en ningún lugar del planeta suceda esto, que dentro de 80 años no se encuentren otro par de irreconocibles zapatos.

sábado, 19 de noviembre de 2016

LA VICTORIA MAS AMARGA DEL TOUR DE FRANCIA


Walkowiak: "Ojalá nunca hubiera ganado el Tour"
El nombre de Walkowiak va asociado a la victoria en el mundo del ciclismo, pero no a una victoria espectacular, sino a una victoria lograda por una fuga consentida por el resto de corredores. Sin embargo, los que han asociado ese nombre a ese tipo de victoria no saben el daño que se le llegó a hacer a esa persona, coincidiendo con su mayor
El Tour de 1956 iba a estar marcado por la ausencia de un gran líder, como era el ganador de las 3 ediciones anteriores, Louison Bobet. A esta ausencia había que añadir las de otros corredores que habían dominado las carreteras en los años anteriores, como eran el gran Fausto Coppi o Hugo Koblet. Esa ausencia iba a dejar como favoritos a corredores jóvenes como Gaul, o alguno como Bahamontes, que aún no estaba preparado para conseguir una victoria en las carreteras francesas. Precisamente esa ausencia de corredores importantes, unido a los factores que se fueron dando en la carretera, dejaron un resultado a final de la carrera más que sorprendente.
Por aquel entonces, el Tour de Francia aún se corría por equipos regionales, no así el resto de competiciones del año, y el equipo francés estaba capitaneado por el sprinter André Darrigade y por el también veterano Geminiani. En ese equipo también serían de la partida Jean Malléjac y fue incluido a última hora en el equipo Gilbert Bauvin. Eso iba a significar que un corredor entonces semi-desconocido no iba a tener hueco en el equipo principal francés y se iba a tener que buscar un hueco en el equipo de Nordeste-Centro. Ese ciclista que no iba a tener hueco en el equipo principal era Roger Walkowiak, y ese Tour de 1956 iba a cambiar para siempre su vida, aunque no necesariamente a mejor.

La ya mencionada ausencia de corredores de gran peso hizo que la carrera no tuviese ningún tipo de control por parte de ningún equipo, ya que todos buscaban el meter a sus hombres importantes en la fuga y no realizaban ningún tipo de control de la carrera. Las fugas eran diarias, y en ellas se podía ver a Darrigade, o De Bruyne,vencedores ambos en dos ocasiones en esas primeras etapas del Tour. En todas las etapas había habido fugas, formadas entre otros por varios corredores importantes, pero llegó la fatídica quinta etapa del Tour, una etapa que unía Rouen y Caen, donde se empezó a romper la carrera, ya que los favoritos no consiguieron meterse en ninguna fuga. Joseph Morvan fue el vencedor de esa etapa, venciendo en el sprint a gente como Fantini, Nolten, Bauvin o un corredor que se había colado en todas y cada una de las fugas de aquel Tour, Roger Walkowiak. Por detrás, muy atrás, llegaba en solitario uno de los favoritos, Bahamontes, a unos 10 minutos del vencedor, y mucho más retrasados llegó un grupo formado por Malléjac o Gaul, a unos 16 minutos. El Tour se había acabado para ellos, pero aún quedaba mucha carrera.

La siguiente etapa iba a ser otra tortura para el pelotón, puesto que de nuevo iba a llegar una fuga en la que se encontraría el líder momentáneo de la carrera, Darrigade y en la que de nuevo se había colado Walkowiak, quien paso a paso, se había situado quinto en la general, aunque eso sí, a más de 7 minutos del líder.

Pero la vida de Walkowiak iba a comenzar a cambiar en la séptima etapa, una etapa que se disputaría el miércoles 11 de julio, y que uniría las localidades de Loirent y Angers, en un recorrido de nada menos que 244 kilómetros. En esa etapa se iba a producir una fuga que iba a comenzar a cambiar el sino de la carrera. A Angers iba a llegar una fuga de 31 corredores, que iba a ser la que marcase el devenir de la carrera. En esa fuga no se iba a meter ninguno de los corredores a priori importantes de la carrera, aunque si iban a incluirse varios corredores que estaban bien colocados en la general de la carrera, el primero de esos corredores bien colocados sería Walkowiak, pero también habría gente como Padovan o Bauvin. La victoria de etapa correspondió a Fantini, siendo cuarto Bauvin y 19º Walkowiak, un Walkowiak que se iba a colocar como nuevo líder de la carrera. 29 años había tardado en hacer realidad su sueño deportivo. Su imagen llorando y abrazando al periodista que le entrevistaba fue portada al día siguiente en los periódicos locales, al tiempo que sollozaba un “es increíble... increible”.

Por su parte Darrigade, entre otros muchos corredores, iba a llegar a meta en el seno del pelotón, un pelotón que se iba a dejar aquel día en meta 18 minutos y 46 segundos, lo que les alejaba a un mundo en la general de la carrera, que quedaría comandada por Walkowiak, secundado por Picot a poco más de un minuto y ya con más de 11 de ventaja con Darrigade y más de 12 con su compañero de fuga aquel día, Bauvin.

3 jornadas duraría el amarillo en la espalda de Walkowiak, ya que las fugas seguían siendo las protagonistas de la carrera, y en ellas también se iba a meter el español Bahamontes, que recuperaría hasta 4 minutos al líder en la siguiente jornada.
La décima etapa, que llegaría a Bayona, sería en la que le arrebatarían el amarillo a Walkowiak, merced a una fuga en la que no iba a estar. Serían poco más de 14 minutos los que se dejaría en meta, llegando con el pelotón, pero a pesar de todo seguía metido en la general, estando colocado en séptima posición, a 9 minutos del nuevo líder, el polaco Voorting.

Las etapas que discurrirían por los Pirineos no descolocarían mucho la general, salvo por el hecho de que el maillot de líder pasó por las espaldas de Darrigade y de Adriaenssens, que sería quien lo luciría una vez se abandonasen los Pirineos.
Pero en la etapa anterior a la llegada de la carrera a los Alpes, una etapa de transición, Adriaenssens se dejaría más de 8 minutos en meta, debido a una fuga que dio tan privilegiada posición a Wagtmans y permitió que Walkowiak le adelantase también en la general, esta vez ya de forma definitiva.
En Sentinelle y en Sestriere la general se iba a aclarar mucho más, permaneciendo aún Wagtmans como líder de la carrera, pero ya con un estrecho margen con respecto a Walkowiak, Bauvin y Adriaenssens, por ese orden, separados entre sí por apenas 3 minutos.
La siguiente etapa, la 18ª, que finalizaba en Grenoble, tras 250 kilómetros de recorrido en los que se subían Croix de Fer y Luitel, sería definitiva para la carrera, ya que el líder iba a hundirse de forma estrepitosa, pero no iba a suceder igual con los siguientes 3 corredores de la general. Charly Gaulrealizaría ese día una exhibición, consiguiendo una victoria con más de 3 minutos de ventaja en la meta con respecto al segundo clasificado, Ockers, pero con 7 minutos y medio de ventaja con respecto a Bahamontes, Nencini y Walkowiak.
A Walkowiak ya solo le quedaba un peligro para ver cumplido su sueño de ser campeón del Tour de Francia, una contrarreloj de 73 kilómetros entre St. Étienne y Lyon, la cual iba a afrontarla con casi 3 minutos y medio de ventaja con respecto a Bauvin, más de 7 con el anterior líder, Wagtmans, y más de 8 con Adriaenssens. Pero esta se le iba a hacer larga, muy larga al líder de la carrera, y para más inri, sus perseguidores en la general iban a colocarse aquel día entre los 5 primeros corredores de la etapa. Finalmente aquel día pudo salvar el maillot de líder de cara a la clasificación final, que vencería por un minuto y 25 segundos con el segundo clasificado, Bauvin y 3 minutos y 44 segundos con Adriaenssens, tercero final. El Tour de Francia había ido a parar al palmarés de un corredor que no era conocido y que tan solo tenía una etapa en la Vuelta a España de ese año en su palmarés, lo que supuso la decepción de un público que ansiaba verle perder su privilegiada posición en la carrera, ay que no le consideraban como digno merecedor de tal honor.

Como definiría el director de la carrera, Jacques Goddet“la ovación del público más pareció una lamentación”. A nadie atraía el nuevo campeón de la prueba, que sucedía en el trono a corredores de la calidad de Bobet o sobre todo de Coppi, de los cuales no consideraba el público que fuese un digno heredero como campeón de la carrera.
Desde ese momento su vida fue un calvario, ya que le achacaron la culpa a él de ganar. No a los corredores que habían consentido sus diferentes fugas al comienzo de la carrera, sino a él por no querer ceder su privilegiada posición, por defenderse con uñas y dientes, y con mucha cabeza. Con su victoria había deshonrado al Tour, la carrera más importante del calendario. Y toda esa carga que hicieron contra su figura desde los propios aficionados a la prensa, Walkowiak no la llevó nada bien, ya que del anonimato había pasado a ser uno de los personajes más reconocidos del mundo del deporte en Francia, y era blanco de todas las críticas de la afición. Sus actuaciones posteriores en la carrera francesa tampoco ayudaron a mejorar su imagen de cara al público, ya que al año siguiente se retiró de la carrera (marchaba en la posición 18), y en el 58 finalizó a más de 4 horas del ganador, siendo el 75º de la clasificación general.

Dejó de hablar con la prensa, cayó en una profunda depresión y se intentó alejar de la vida pública, con una retirada deportiva algo prematura. Pero no había forma de mejorar su estado de ánimo. Algunos dicen que no salió de ese estado depresivo en que le sumió su victoria en el Tour hasta muchas décadas después. Ni siquiera el abrir un bar mejoró su estado, ya que en cuanto se corrió la voz de que lo había abierto, los aficionados fueron rápidamente al bar, pero no con ánimo de conocerle, sino para burlarse de él. Ese fue el golpe definitivo para Roger, que cerró su bar y volvió a trabajar a la vieja fábrica de coches de Montluçon, su pueblo natal, en la que había trabajado cuando era joven.
No volvió a saberse nada de la persona de Walkowiak hasta finales de los años 90, cuando por fin aceptó volver a enfrentarse a una cámara. En aquella entrevista surgieron diversos temas, anécdotas que contaba el campeón, hasta que el periodista le preguntó acerca del Tour en el que venció. Las respuestas del francés fueron contundentes:“Nunca hablo de aquel Tour, ni siquiera con mi mujer” “Ojalá nunca hubiera ganado el Tour”. A las respuestas sucedieron varios segundos de silencio, hasta que tapándose la cara, Walkowiak rompió a llorar. Sin poder contener el llanto, pudo decir una frase más: “Nadie sabe cuanto sufrí”.

Esas y otras confesiones de Roger Walkowiak, en las que habla acerca de esa fatídica victoria en el Tour de Francia forman parte del libro Roger Walkowiak, le maillot jaune assassine, un libro escrito por Jean-Paul Ollivier.
General del Tour Francia 1956:
1- Roger Walkowiak (Francia, Nordeste-Central) 124horas 1minuto 16segundos
2- Gilbert Bauvin (Francia) a 1´ 25´´
3- Jan Adriaenssens (Bélgica) a 3´ 44´´
4- Federico Bahamontes (España) a 10´ 14´´
5- Nino Defilippis (Italia) a 10´ 25´´
6- Wout Wagtmans (Holanda) a 10´ 59´´
7- Nello Lauredi (Francia Sur-Este) a 14´ 1´´
8- Stan Ockers (Bélgica) a 16´ 52´´
9- René Privat (Francia) a 22´ 59´´
10- Alves Barbosa (Luxemburgo) a 26´ 3´
Fuente: valvet.com´

LA VICTORIA MAS AMARGA DEL TOUR DE FRANCIA


Walkowiak: "Ojalá nunca hubiera ganado el Tour"
El nombre de Walkowiak va asociado a la victoria en el mundo del ciclismo, pero no a una victoria espectacular, sino a una victoria lograda por una fuga consentida por el resto de corredores. Sin embargo, los que han asociado ese nombre a ese tipo de victoria no saben el daño que se le llegó a hacer a esa persona, coincidiendo con su mayor
El Tour de 1956 iba a estar marcado por la ausencia de un gran líder, como era el ganador de las 3 ediciones anteriores, Louison Bobet. A esta ausencia había que añadir las de otros corredores que habían dominado las carreteras en los años anteriores, como eran el gran Fausto Coppi o Hugo Koblet. Esa ausencia iba a dejar como favoritos a corredores jóvenes como Gaul, o alguno como Bahamontes, que aún no estaba preparado para conseguir una victoria en las carreteras francesas. Precisamente esa ausencia de corredores importantes, unido a los factores que se fueron dando en la carretera, dejaron un resultado a final de la carrera más que sorprendente.
Por aquel entonces, el Tour de Francia aún se corría por equipos regionales, no así el resto de competiciones del año, y el equipo francés estaba capitaneado por el sprinter André Darrigade y por el también veterano Geminiani. En ese equipo también serían de la partida Jean Malléjac y fue incluido a última hora en el equipo Gilbert Bauvin. Eso iba a significar que un corredor entonces semi-desconocido no iba a tener hueco en el equipo principal francés y se iba a tener que buscar un hueco en el equipo de Nordeste-Centro. Ese ciclista que no iba a tener hueco en el equipo principal era Roger Walkowiak, y ese Tour de 1956 iba a cambiar para siempre su vida, aunque no necesariamente a mejor.

La ya mencionada ausencia de corredores de gran peso hizo que la carrera no tuviese ningún tipo de control por parte de ningún equipo, ya que todos buscaban el meter a sus hombres importantes en la fuga y no realizaban ningún tipo de control de la carrera. Las fugas eran diarias, y en ellas se podía ver a Darrigade, o De Bruyne,vencedores ambos en dos ocasiones en esas primeras etapas del Tour. En todas las etapas había habido fugas, formadas entre otros por varios corredores importantes, pero llegó la fatídica quinta etapa del Tour, una etapa que unía Rouen y Caen, donde se empezó a romper la carrera, ya que los favoritos no consiguieron meterse en ninguna fuga. Joseph Morvan fue el vencedor de esa etapa, venciendo en el sprint a gente como Fantini, Nolten, Bauvin o un corredor que se había colado en todas y cada una de las fugas de aquel Tour, Roger Walkowiak. Por detrás, muy atrás, llegaba en solitario uno de los favoritos, Bahamontes, a unos 10 minutos del vencedor, y mucho más retrasados llegó un grupo formado por Malléjac o Gaul, a unos 16 minutos. El Tour se había acabado para ellos, pero aún quedaba mucha carrera.

La siguiente etapa iba a ser otra tortura para el pelotón, puesto que de nuevo iba a llegar una fuga en la que se encontraría el líder momentáneo de la carrera, Darrigade y en la que de nuevo se había colado Walkowiak, quien paso a paso, se había situado quinto en la general, aunque eso sí, a más de 7 minutos del líder.

Pero la vida de Walkowiak iba a comenzar a cambiar en la séptima etapa, una etapa que se disputaría el miércoles 11 de julio, y que uniría las localidades de Loirent y Angers, en un recorrido de nada menos que 244 kilómetros. En esa etapa se iba a producir una fuga que iba a comenzar a cambiar el sino de la carrera. A Angers iba a llegar una fuga de 31 corredores, que iba a ser la que marcase el devenir de la carrera. En esa fuga no se iba a meter ninguno de los corredores a priori importantes de la carrera, aunque si iban a incluirse varios corredores que estaban bien colocados en la general de la carrera, el primero de esos corredores bien colocados sería Walkowiak, pero también habría gente como Padovan o Bauvin. La victoria de etapa correspondió a Fantini, siendo cuarto Bauvin y 19º Walkowiak, un Walkowiak que se iba a colocar como nuevo líder de la carrera. 29 años había tardado en hacer realidad su sueño deportivo. Su imagen llorando y abrazando al periodista que le entrevistaba fue portada al día siguiente en los periódicos locales, al tiempo que sollozaba un “es increíble... increible”.

Por su parte Darrigade, entre otros muchos corredores, iba a llegar a meta en el seno del pelotón, un pelotón que se iba a dejar aquel día en meta 18 minutos y 46 segundos, lo que les alejaba a un mundo en la general de la carrera, que quedaría comandada por Walkowiak, secundado por Picot a poco más de un minuto y ya con más de 11 de ventaja con Darrigade y más de 12 con su compañero de fuga aquel día, Bauvin.

3 jornadas duraría el amarillo en la espalda de Walkowiak, ya que las fugas seguían siendo las protagonistas de la carrera, y en ellas también se iba a meter el español Bahamontes, que recuperaría hasta 4 minutos al líder en la siguiente jornada.
La décima etapa, que llegaría a Bayona, sería en la que le arrebatarían el amarillo a Walkowiak, merced a una fuga en la que no iba a estar. Serían poco más de 14 minutos los que se dejaría en meta, llegando con el pelotón, pero a pesar de todo seguía metido en la general, estando colocado en séptima posición, a 9 minutos del nuevo líder, el polaco Voorting.

Las etapas que discurrirían por los Pirineos no descolocarían mucho la general, salvo por el hecho de que el maillot de líder pasó por las espaldas de Darrigade y de Adriaenssens, que sería quien lo luciría una vez se abandonasen los Pirineos.
Pero en la etapa anterior a la llegada de la carrera a los Alpes, una etapa de transición, Adriaenssens se dejaría más de 8 minutos en meta, debido a una fuga que dio tan privilegiada posición a Wagtmans y permitió que Walkowiak le adelantase también en la general, esta vez ya de forma definitiva.
En Sentinelle y en Sestriere la general se iba a aclarar mucho más, permaneciendo aún Wagtmans como líder de la carrera, pero ya con un estrecho margen con respecto a Walkowiak, Bauvin y Adriaenssens, por ese orden, separados entre sí por apenas 3 minutos.
La siguiente etapa, la 18ª, que finalizaba en Grenoble, tras 250 kilómetros de recorrido en los que se subían Croix de Fer y Luitel, sería definitiva para la carrera, ya que el líder iba a hundirse de forma estrepitosa, pero no iba a suceder igual con los siguientes 3 corredores de la general. Charly Gaulrealizaría ese día una exhibición, consiguiendo una victoria con más de 3 minutos de ventaja en la meta con respecto al segundo clasificado, Ockers, pero con 7 minutos y medio de ventaja con respecto a Bahamontes, Nencini y Walkowiak.
A Walkowiak ya solo le quedaba un peligro para ver cumplido su sueño de ser campeón del Tour de Francia, una contrarreloj de 73 kilómetros entre St. Étienne y Lyon, la cual iba a afrontarla con casi 3 minutos y medio de ventaja con respecto a Bauvin, más de 7 con el anterior líder, Wagtmans, y más de 8 con Adriaenssens. Pero esta se le iba a hacer larga, muy larga al líder de la carrera, y para más inri, sus perseguidores en la general iban a colocarse aquel día entre los 5 primeros corredores de la etapa. Finalmente aquel día pudo salvar el maillot de líder de cara a la clasificación final, que vencería por un minuto y 25 segundos con el segundo clasificado, Bauvin y 3 minutos y 44 segundos con Adriaenssens, tercero final. El Tour de Francia había ido a parar al palmarés de un corredor que no era conocido y que tan solo tenía una etapa en la Vuelta a España de ese año en su palmarés, lo que supuso la decepción de un público que ansiaba verle perder su privilegiada posición en la carrera, ay que no le consideraban como digno merecedor de tal honor.

Como definiría el director de la carrera, Jacques Goddet“la ovación del público más pareció una lamentación”. A nadie atraía el nuevo campeón de la prueba, que sucedía en el trono a corredores de la calidad de Bobet o sobre todo de Coppi, de los cuales no consideraba el público que fuese un digno heredero como campeón de la carrera.
Desde ese momento su vida fue un calvario, ya que le achacaron la culpa a él de ganar. No a los corredores que habían consentido sus diferentes fugas al comienzo de la carrera, sino a él por no querer ceder su privilegiada posición, por defenderse con uñas y dientes, y con mucha cabeza. Con su victoria había deshonrado al Tour, la carrera más importante del calendario. Y toda esa carga que hicieron contra su figura desde los propios aficionados a la prensa, Walkowiak no la llevó nada bien, ya que del anonimato había pasado a ser uno de los personajes más reconocidos del mundo del deporte en Francia, y era blanco de todas las críticas de la afición. Sus actuaciones posteriores en la carrera francesa tampoco ayudaron a mejorar su imagen de cara al público, ya que al año siguiente se retiró de la carrera (marchaba en la posición 18), y en el 58 finalizó a más de 4 horas del ganador, siendo el 75º de la clasificación general.

Dejó de hablar con la prensa, cayó en una profunda depresión y se intentó alejar de la vida pública, con una retirada deportiva algo prematura. Pero no había forma de mejorar su estado de ánimo. Algunos dicen que no salió de ese estado depresivo en que le sumió su victoria en el Tour hasta muchas décadas después. Ni siquiera el abrir un bar mejoró su estado, ya que en cuanto se corrió la voz de que lo había abierto, los aficionados fueron rápidamente al bar, pero no con ánimo de conocerle, sino para burlarse de él. Ese fue el golpe definitivo para Roger, que cerró su bar y volvió a trabajar a la vieja fábrica de coches de Montluçon, su pueblo natal, en la que había trabajado cuando era joven.
No volvió a saberse nada de la persona de Walkowiak hasta finales de los años 90, cuando por fin aceptó volver a enfrentarse a una cámara. En aquella entrevista surgieron diversos temas, anécdotas que contaba el campeón, hasta que el periodista le preguntó acerca del Tour en el que venció. Las respuestas del francés fueron contundentes:“Nunca hablo de aquel Tour, ni siquiera con mi mujer” “Ojalá nunca hubiera ganado el Tour”. A las respuestas sucedieron varios segundos de silencio, hasta que tapándose la cara, Walkowiak rompió a llorar. Sin poder contener el llanto, pudo decir una frase más: “Nadie sabe cuanto sufrí”.

Esas y otras confesiones de Roger Walkowiak, en las que habla acerca de esa fatídica victoria en el Tour de Francia forman parte del libro Roger Walkowiak, le maillot jaune assassine, un libro escrito por Jean-Paul Ollivier.
General del Tour Francia 1956:
1- Roger Walkowiak (Francia, Nordeste-Central) 124horas 1minuto 16segundos
2- Gilbert Bauvin (Francia) a 1´ 25´´
3- Jan Adriaenssens (Bélgica) a 3´ 44´´
4- Federico Bahamontes (España) a 10´ 14´´
5- Nino Defilippis (Italia) a 10´ 25´´
6- Wout Wagtmans (Holanda) a 10´ 59´´
7- Nello Lauredi (Francia Sur-Este) a 14´ 1´´
8- Stan Ockers (Bélgica) a 16´ 52´´
9- René Privat (Francia) a 22´ 59´´
10- Alves Barbosa (Luxemburgo) a 26´ 3´´

martes, 8 de noviembre de 2016

IV ULTRA TRAIL GRAN VUELTA AL VALLE DEL GENAL



 “Yo hago lo que tu no puedes
 y tu  haces lo que yo no puedo. 
Juntos podemos hacer grandes cosas.”
 
¡ Regad con vuestro sudor nuestra cosecha!  Aquí tenéis nuestro valle ¡¡¡CONQUISTADLO!!!  La garganta de Chito desgarra la madrugada, en la de los corredores un nudo, frontales iluminando ilusiones con la esperanza de que el camino no las apague, primeros pasos por Gaucin que nos llevan al Castillo, en las mentes castillos en el aire con el deseo de que no los derrumbe el viento del Valle, no hay duda, se dejaran el alma para que eso no ocurra.  El capitán marca la primera muesca, el Rio Genal hace de columna vertebral al recorrido donde miles, millones de Castaños comienzan a vestirse de ocre, el Valle de Cobre lo llaman, ahí vamos nosotros, somos uno pero somos cuatro, definitivamente cuatro corazones, ocho piernas pero un solo individuo, mucha prudencia en los primeros compases nos eleva al Jardón, un poco de niebla que viene a recordarnos que ahí está su casa aunque el viento de levante no la deja hoy quedarse. Aquí se escondía la trampa, cada año esta carrera es un viaje muy diferente, donde todos veíamos que empezar con lo más duro del recorrido lo haría más benevolente se convirtió en todo lo contrario, el desgaste inicial se haría patente mas tarde haciendo mella en los maltrechos cuerpos, nosotros lo teníamos claro, siempre, pero especialmente en equipo resistir es vencer, avanzando con paso firme, nuestra guerra era con nosotros mismos, conscientes de nuestras fortalezas y debilidades, o sea de nuestras circunstancias. Genaguacil, cabecera del rio y del Valle es el punto de inflexión donde se empieza a encarar  “el otro lado”, tras los Riscos, islote de afilada caliza, el azul pitufo de Juzcar nos ofrece vituallas y breve descanso para reanudar la marcha, vamos templando pero en la manga un as escondido, un puntito guardado, cae la noche al llegar a Alpandeire, si uno flaquea todos flaqueamos, seguimos siendo uno, y pasamos Atajate, cansados como no puede ser de otra manera a estas alturas pero con fuerzas para sacar el as escondido, subir esa marcha y empezar a pasar compañeros a los que los kilómetros comienzan a medirle mas de mil metros, a los que la ansiada meta de Gaucín se les antoja mucho mas lejos que momentos antes. Seguimos hasta las últimas subidas donde por momentos somos prudentes y por momentos nos pueden las ganas de llegar, y allí, mas ricos, mucho mas ricos que 21 horas antes volvemos a ver el Castillo, trote firme y porque no, orgulloso nos lleva a cruzar la meta, hemos resistido, abrazos, risas, HEMOS VENCIDO 
P.D: por siempre agradecido a Luis Amores, Pepe Godoy y Juanma Urbano por ser grandisimos compañeros en este viaje.


viernes, 12 de agosto de 2016

Sentirse libre (Subida al Veleta Plus Ultra)


Esta vez la crónica corresponde a Javier Hernández Sansalvador, padre de la criatura, un honor salir en el mítico blog de los Croquetas, sabor a tiempos del foro del atleta. 

Sentirse libre (Subida al Veleta Plus Ultra)


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Hace unos años, no muchos, no había redes sociales y a los que nos gustaban estas experiencias deportivas estábamos ya en contacto por medio de los foros. Yo entraba habitualmente en el foro EL ATLETA y muchos de los que estábamos ahí conectados ahora somos ya viejos conocidos, hemos hecho muchos kilómetros juntos. Pero una quedada veraniega propuesta por Mark Woolley me haría descubrir otra faceta del deporte que hasta ese momento no me había planteado. Quedamos en Motril un buen grupo de aficionados y subimos desde la playa hasta el Mulhacén, aquello me costó lo suyo, pero me abrió la mente hacia otra manera de disfrutar del deporte. En aquella ocasión desconocía el camino, los senderos, no había estado en el Mulhacén nunca, fue todo nuevo y excitante.
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Aquella subida se repitió otro año, aquella vez con el aliciente de dormir al raso en el Hoyo del Portillo y disfrutar de temperaturas gélidas en pleno mes de junio. Y se me ocurrió… ¿porqué dar la vuelta sobre nuestros pasos?¿porqué no continuar hasta Granada pasando por el Veleta?13912547_10207387230343703_4750583271390856798_nEl silencio del Sierra Nevada me encanta, me ha marcado, y no me deja de sorprender cada vez que subo por allí. Esa sensación de soledad en la altura y su posterior encuentro de nuevo con la otra parte es lo que buscaba, es como hacer un viaje en el que atraviesas un gran desierto.
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Quedamos hace dos años para hacerlo, éramos tres: Paco Contreras, Pedro j. Dominguez y un servidor. Mark Woolley y Nicolás Kierdelewicz salieron desde el Hoyo de la Mora a nuestro encuentro en el Mulhacén, nos acompañarían hasta sus coches de vuelta y nos darían apoyo hasta Granada, ya que no hay agua ni sitios para avituallarse.
La experiencia no salió bien, hubo una suma de desdichas: elegimos mal la hora de salida ya que no tuvimos en cuenta que nos podría coger la noche en la montaña, cosa que ocurrió; nos falló el alojamiento para descansar la noche previa y tuvimos que dormir en la furgo de Pedro, mi cuerpo no respondió bien al no haber podido descansar bien pues tuve guardia nocturna el día anterior, extraviamos durante horas las llaves del coche que habíamos dejado en el Hoyo del Portillo para poder coger la ropa para la montaña y por último el frío nocturno. Yo llegué hasta el coche y Pedro junto a Paco llegaron hasta el Hoyo de la Mora en compañía de Mark y Nico.
IMG_3215Con esa primera experiencia y sin querer involucrar a mucha gente para no ponerlos en compromiso le propuse a Pedro al año repetir el intento, pero esta vez sumando a la Subida al Veleta nuestro deseo de llegar a la playa, es decir al contrario. Facilitaba mucho la logística el que tuviéramos cubiertos los primeros 50 kilómetros y la mochila nos estaría esperando en la meta del Veleta. El único trozo que teníamos que reforzar en avituallamiento esa Órgiva-Motril, cosa que hice dejando agua escondida en unos puntos.
Para Pedro era su primera Subida, para mí la octava, y tuvo la mala fortuna de hacerse daño en un tobillo, a eso se le sumaba que había inestabilidad en el tiempo ya que había amenaza de tormenta eléctrica. Descartamos de nuevo hacerlo y lo volvimos a aplazar.
IMG_3221Y llegó el 2016, en el que estaba convencido que nos saldría. Convocamos a Manuel Tenllado, pero a última hora no pudo venir, razones familiares. Pedro y yo de nuevo nos apuntamos a la Subida y nos propusimos ir juntos hasta el Veleta, en la carrera, por el camino nos juntamos con Álvaro Pumwooky al cual procuramos distraer un poco en su primera Subida para que pudiera llegar a la meta sin pensarlo mucho, y por supuesto con Óscar Sáez que disfrutó de la Subida tanto o más de lo que le había aconsejado.IMG_3226
Al llegar al Veleta, a la meta, con un tiempo discreto (fuimos muy reservones) cogimos nuestras mochilas, yo me cambié incluso de zapatilas, y nos acercamos al punto geodésico del Veleta, era nuestro primer objetivo.
Luego nos encaminamos hacia el Mulhacén donde llegamos tres horas más tarde, en ese camino no podíamos correr, no teníamos muchas fuerzas. Pedro conocía pasos que hicieron más ameno el recorrido aunque la subida desde La Caldera se hizo eterna…
Esta vez pudimos disfrutar del Mulhacén para nosotros solos, eran las 6 de la tarde y por unos instantes éramos los individuos situados a mayor altura en toda la Península Ibérica. Desde allí la visibilidad no era tan buena como otras veces pero las vistas impresionan, es alucinante poder ver desde el mismo sitio Guadix y la Bahía de Algeciras, como si estuviéramos sobre un mapa de la zona.IMG_3230Nuestro siguiente objetivo era estar en Capileira antes de que cayera la noche, allí podríamos tomar algo en un bar y luego afrontar el trozo mas asfaltero. En el Hoyo del Portillo me cambié de nuevo las zapatillas y me dí cuenta de que me había hecho daño en un dedo, nada grave, pero molestaba. De nuevo Pedro me enseñó el sendero que lleva hasta Capileira, las veces que yo había subido lo había hecho por el carril y haciendo mas kilómetros, y es que en las anteriores quedadas me quedé atrás y nadie me había explicado bien que se podía ir fuera del carril.
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Cumpliendo nuestras previsiones llegamos a Capileira justo cuando la oscuridad se imponía con su presencia, nos sentamos en un bar y nos metimos en el cuerpo un bocadillo de alta calidad, sabíamos que los 55km que quedaban eran todo de asfalto y teníamos que estar repuestos.13975508_10207387228983669_2288734405973662357_oEl tramo Capileira-Órgiva, unos 20km, se hizo relativamente rápido, pero el sueño empezaba a pegarme golpecitos en las gafas. Es mi gran enemigo, o puedo dominarlo, Pedro no lo notaba afectado y me daba charla amena y agradable para que no cayera en la morriña. Llegamos en unas dos horas y poco.
IMG_3246Atravesamos Órgiva en completa soledad, nadie nos esperaba, paramos en una máquina dispensadora de Coca-Cola para poder aprovechar su cafeína pero no la notaba. A la salida del pueblo hacia Vélez de Benaudalla el reloj de Pedro marcó 101km, bonita cifra.
Empezamos el tramo que temía, son 35km solitarios y en plan sube y baja. Yo tenía un bajón importante y Pedro me animaba constantemente. Tras tomar otro refresco de Cola que había escondido decidí que debíamos separarnos. Pedro debía estar en Marbella a las 11, tenía compromisos y esa esclavitud horaria empezó a agobiarme por lo que le propuse que tirara, cosa que hizo y la verdad que me vino bien, nos vino bien.
Ya estando sólo me liberé de la presión de llegar a una hora y me dediqué a trotar/andar tal como me dejaba mi somnolencia, no iba del todo mal, no había otra opción, AJO&AGUA, ya llegaré. Recibí una llamada de Pedro para consultarme una duda en un cruce y pude saber por donde iba, la verdad es que no paró de correr y eso hizo que me sacara más de una hora. Cuando yo me acercaba a la N340 Pedro me saludó desde su coche, se iba a su casa. Yo me dirigí hacia la playa desviándome hacia la derecha, buscaba las playas de Salobreña, donde llegué exactamente a las 7:15 de la mañana tras 24 horas justas desde cuando salimos de Granada.
IMG_3255No llegué mal, estaba mas dormido que cansado y es que Morfeo es mi gran enemigo, siempre lo ha sido. Adormilado me repetía en la cabeza: “lo hemos conseguido y que bien lo hemos pasado”.
Y encima me sentí siempre seguro de ir acompañado por una persona de la categoría de este ubriqueño afincado en Marbella: hombre prudente, fuerte y gran conversador, de una categoría humana enorme y con unos valores muy similares a los míos con el cual fue realmente agradable pasar el día, y con el que seguro compartiré muchos mas kilómetros pues es mi gran complemento en estas cosas.
Puede resultar complicado para el que no participa en este mundo entender mis sentimientos, una vez mi amigo Iván lo comparó a la sensación que se tiene al ver a una persona que baila con cascos, el que no escucha la música difícilmente lo puede entender, pero Pedro y yo nos sentíamos RICOS, no porque hubiera aumentado nuestra riqueza económica sino porque habíamos acumulado otra experiencia, habíamos atravesado Sierra Nevada Norte-Sur (más o menos), habíamos escuchado su silencio, habíamos compartido la tarde con cabras autóctonas, habíamos sentido el sol achicharrando nuestra piel, habíamos visto el brillo de las micas, habíamos reído, habíamos liberado tensiones, nos habíamos sentido libres
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