viernes, 8 de marzo de 2019

ALFONSINA STRAVA, UNA MUJER EN EL GIRO




  Hace unos días me topé en internet con la carta escrita por el periodista de Il Messaggero Ruggero Campi, publicada en la Crónica de la región de Umbría del mismo periódico, en la que le pedía al alcalde de Perugia [capital de Umbría, N. del T.] dedicarle una calle de la ciudad a Alfonsina Strada.  Se trata de la primera y única mujer que ha participado en el Giro de Italia masculino. Nace el 16 de marzo de 1891 en Riolo di Castelfranco Emilia, en una familia pobre y numerosa. Con diez años descubre la bicicleta: una vieja bici que su padre había llevado a la casa. Será amor a primera vista. En 1924, el Giro abre la competición a corredores sin equipo.  Hace unos días me topé en internet con la carta escrita por el periodista de Il Messaggero Ruggero Campi, publicada en la Crónica de la región de Umbría del mismo periódico, en la que le pedía al alcalde de Perugia [capital de Umbría, N. del T.] dedicarle una calle de la ciudad a Alfonsina Strada.  Se trata de la primera y única mujer que ha participado en el Giro de Italia masculino. Nace el 16 de marzo de 1891 en Riolo di Castelfranco Emilia, en una familia pobre y
numerosa. Con diez años descubre la bicicleta: una vieja bici que su padre había llevado a la casa. Será amor a primera vista. En 1924, el Giro abre la competición a corredores sin equipo. Para Alfonsina Strada se trata de la ocasión de su vida. En los años sucesivos, consigue entrenarse con regularidad, corriendo por la Vía Emilia [calzada romana que une Piacenza y Rimini, N. del T.] y participando cada domingo en competiciones contra otras mujeres. En poco tiempo, llega a ser considerada la mejor ciclista italiana. Más tarde se traslada a Milán, conoce y se casa con Luigi Strada, del cual toma el apellido. Alfonsina quiere seguir corriendo, pero muchos eventos deportivos son cancelados: corre el año 1917 y estamos en plena Guerra Mundial. Pero el Giro de Lombardía no se cancela. Y Alfonsina se inscribe, con el número 74. Salida y llegada desde y a Milán, 204 kilómetros para pedalear junto a Girardengo y otros ciclistas masculinos de la época. Llegará última, una hora y media por detrás del vencedor. Más tarde sucede lo imprevisto. Año 1924. El Giro de Italia tiene problemas para encontrar participantes y los grandes nombres escasean: los equipos han decidido boicotear el evento en señal de protesta contra los organizadores. Temas de dinero. Y así, el Giro abre la competición a corredores sin equipo. Para Alfonsina Strada se trata de la ocasión de su vida. La aceptan solo tres días antes de la salida. 3613 kilómetros en doce etapas, desde el 10 de mayo hasta el 1 de junio. Noventa participantes. En la primera etapa, su presencia pasa casi desapercibida, pero en la segunda aumenta el público y Alfonsina se vuelve cada vez más popular. En la octava etapa, entre L'Aquila y Perugia, Alfonsina entra en crisis: dolores en brazos y piernas, efecto de las numerosas caídas durante las jornadas anteriores. Llega fuera del tiempo máximo. Podrá acabar el Giro gracias a una derogación especial del jurado, preocupado por perder el único motivo de interés de la edición. Alfonsina consigue concluir el Giro, llega a Milán. Solo 30 de los 90 inscritos lo han logrado, y Alfonsina está ahí. Al final de la última etapa es acogida triunfalmente por el público: aplausos, alegría, felicidad. Durará poco: el de 1924 fue el primer y único Giro de Italia de Alfonsina. Nunca más la aceptaron. A cada una de sus peticiones, todos los años, la misma respuesta: no idónea. Para poder vivir, Alfonsina tendrá que pedalear con su bicicleta bajo la carpa de un circo en Francia y España. Aún así, conseguirá darse alguna satisfacción. En 1938, con casi 50 años, establece en Saint Germain el récord mundial femenino de las 12 horas. En 1956, participa en su última competición, con 65 años, una carrera para veteranos en un circuito en Nova Milanese, y resulta vencedora. Durante ese tiempo, trabajaba en un taller de su propiedad para la venta y reparación de bicicletas. No obstante, su historia no tendrá un final feliz, Alfonsina morirá trágicamente. Es el 13 de septiembre de 1959, domingo por la noche. Tras haber viajado con su moto Guzzi para ver la salida de la carrera de los Tres Valles de Varese, vuelve a casa. Alfonsina está triste: nadie la ha reconocido y así se lo cuenta a la portera de su casa. Más tarde decide ir a aparcar la moto al taller. Pero su Guzzi lleva todo el día dándole problemas. Con el pedal intenta arrancarla varias veces y, durante el enésimo intento, la moto se le cae encima. Su corazón no soporta el esfuerzo y muere antes de llegar al hospital. A Alfonsina Strada se le han dedicado varias calles en Italia, pero hasta la fecha ninguna en Perugia, ciudad donde la ciclista llegó fuera del tiempo máximo durante su primer y único Giro de Italia. Y donde, gracias a una derogación, consiguió terminar la competición y entrar en la leyenda de este deporte. Quizás la petición del periodista de Il Messaggero será satisfecha y habrá en el futuro una calle en Perugia dedicada a esta mujer extraordinaria, en el deporte y en la vida. A Alfonsina se le han dedicado también varias obras teatrales, canciones, se han escrito libros sobre su historia y se ha hablado frecuentemente de ella en los medios de comunicación. No obstante, a un siglo de distancia de sus gestas, algo nos dice que no será nunca suficiente, y que vale la pena contar su historia, siempre.   Hace unos días me topé en internet con la carta escrita por el periodista de Il Messaggero Ruggero Campi, publicada en la Crónica de la región de Umbría del mismo periódico, en la que le pedía al alcalde de Perugia [capital de Umbría, N. del T.] dedicarle una calle de la ciudad a Alfonsina Strada.  Se trata de la primera y única mujer que ha participado en el Giro de Italia masculino. Nace el 16 de marzo de 1891 en Riolo di Castelfranco Emilia, en una familia pobre y numerosa. Con diez años descubre la bicicleta: una vieja bici que su padre había llevado a la casa. Será amor a primera vista. En 1924, el Giro abre la competición a corredores sin equipo. Para Alfonsina Strada se trata de la ocasión de su vida. En los años sucesivos, consigue entrenarse con regularidad, corriendo por la Vía Emilia [calzada romana que une Piacenza y Rimini, N. del T.] y participando cada domingo en competiciones contra otras mujeres. En poco tiempo, llega a ser considerada la mejor ciclista italiana. Más tarde se traslada a Milán, conoce y se casa con Luigi Strada, del cual toma el apellido. Alfonsina quiere seguir corriendo, pero muchos eventos deportivos son cancelados: corre el año 1917 y estamos en plena Guerra Mundial. Pero el Giro de Lombardía no se cancela. Y Alfonsina se inscribe, con el número 74. Salida y llegada desde y a Milán, 204 kilómetros para pedalear junto a Girardengo y otros ciclistas masculinos de la época. Llegará última, una hora y media por detrás del vencedor. Más tarde sucede lo imprevisto. Año 1924. El Giro de Italia tiene problemas para encontrar participantes y los grandes nombres escasean: los equipos han decidido boicotear el evento en señal de protesta contra los organizadores. Temas de dinero. Y así, el Giro abre la competición a corredores sin equipo. Para Alfonsina Strada se trata de la ocasión de su vida. La aceptan solo tres días antes de la salida. 3613 kilómetros en doce etapas, desde el 10 de mayo hasta el 1 de junio. Noventa participantes. En la primera etapa, su presencia pasa casi desapercibida, pero en la segunda aumenta el público y Alfonsina se vuelve cada vez más popular. En la octava etapa, entre L'Aquila y Perugia, Alfonsina entra en crisis: dolores en brazos y piernas, efecto de las numerosas caídas durante las jornadas anteriores. Llega fuera del tiempo máximo. Podrá acabar el Giro gracias a una derogación especial del jurado, preocupado por perder el único motivo de interés de la edición. Alfonsina consigue concluir el Giro, llega a Milán. Solo 30 de los 90 inscritos lo han logrado, y Alfonsina está ahí. Al final de la última etapa es acogida triunfalmente por el público: aplausos, alegría, felicidad. Durará poco: el de 1924 fue el primer y único Giro de Italia de Alfonsina. Nunca más la aceptaron. A cada una de sus peticiones, todos los años, la misma respuesta: no idónea. Para poder vivir, Alfonsina tendrá que pedalear con su bicicleta bajo la carpa de un circo en Francia y España. Aún así, conseguirá darse alguna satisfacción. En 1938, con casi 50 años, establece en Saint Germain el récord mundial femenino de las 12 horas. En 1956, participa en su última competición, con 65 años, una carrera para veteranos en un circuito en Nova Milanese, y resulta vencedora. Durante ese tiempo, trabajaba en un taller de su propiedad para la venta y reparación de bicicletas. No obstante, su historia no tendrá un final feliz, Alfonsina morirá trágicamente. Es el 13 de septiembre de 1959, domingo por la noche. Tras haber viajado con su moto Guzzi para ver la salida de la carrera de los Tres Valles de Varese, vuelve a casa. Alfonsina está triste: nadie la ha reconocido y así se lo cuenta a la portera de su casa. Más tarde decide ir a aparcar la moto al taller. Pero su Guzzi lleva todo el día dándole problemas. Con el pedal intenta arrancarla varias veces y, durante el enésimo intento, la moto se le cae encima. Su corazón no soporta el esfuerzo y muere antes de llegar al hospital. A Alfonsina Strada se le han dedicado varias calles en Italia, pero hasta la fecha ninguna en Perugia, ciudad donde la ciclista llegó fuera del tiempo máximo durante su primer y único Giro de Italia. Y donde, gracias a una derogación, consiguió terminar la competición y entrar en la leyenda de este deporte. Quizás la petición del periodista de Il Messaggero será satisfecha y habrá en el futuro una calle en Perugia dedicada a esta mujer extraordinaria, en el deporte y en la vida. A Alfonsina se le han dedicado también varias obras teatrales, canciones, se han escrito libros sobre su historia y se ha hablado frecuentemente de ella en los medios de comunicación. No obstante, a un siglo de distancia de sus gestas, algo nos dice que no será nunca suficiente, y que vale la pena contar su historia, siempre.   Alfonsina Strada se trata de la ocasión de su vida. En los años sucesivos, consigue entrenarse con regularidad, corriendo por la Vía Emilia [calzada romana que une Piacenza y Rimini, N. del T.] y participando cada domingo en competiciones contra otras mujeres. En poco tiempo, llega a ser considerada la mejor ciclista italiana. Más tarde se traslada a Milán, conoce y se casa con Luigi Strada, del cual toma el apellido. Alfonsina quiere seguir corriendo, pero muchos eventos deportivos son cancelados: corre el año 1917 y estamos en plena Guerra Mundial. Pero el Giro de Lombardía no se cancela. Y Alfonsina se inscribe, con el número 74. Salida y llegada desde y a Milán, 204 kilómetros para pedalear junto a Girardengo y otros ciclistas masculinos de la época. Llegará última, una hora y media por detrás del vencedor. Más tarde sucede lo imprevisto. Año 1924. El Giro de Italia tiene problemas para encontrar participantes y los grandes nombres escasean: los equipos han decidido boicotear el evento en señal de protesta contra los organizadores. Temas de dinero. Y así, el Giro abre la competición a corredores sin equipo. Para Alfonsina Strada se trata de la ocasión de su vida. La aceptan solo tres días antes de la salida. 3613 kilómetros en doce etapas, desde el 10 de mayo hasta el 1 de junio. Noventa participantes. En la primera etapa, su presencia pasa casi desapercibida, pero en la segunda aumenta el público y Alfonsina se vuelve cada vez más popular. En la octava etapa, entre L'Aquila y Perugia, Alfonsina entra en crisis: dolores en brazos y piernas, efecto de las numerosas caídas durante las jornadas anteriores. Llega fuera del tiempo máximo. Podrá acabar el Giro gracias a una derogación especial del jurado, preocupado por perder el único motivo de interés de la edición. Alfonsina consigue concluir el Giro, llega a Milán. Solo 30 de los 90 inscritos lo han logrado, y Alfonsina está ahí. Al final de la última etapa es acogida triunfalmente por el público: aplausos, alegría, felicidad. Durará poco: el de 1924 fue el primer y único Giro de Italia de Alfonsina. Nunca más la aceptaron. A cada una de sus peticiones, todos los años, la misma respuesta: no idónea. Para poder vivir, Alfonsina tendrá que pedalear con su bicicleta bajo la carpa de un circo en Francia y España. Aún así, conseguirá darse alguna satisfacción. En 1938, con casi 50 años, establece en Saint Germain el récord mundial femenino de las 12 horas. En 1956, participa en su última competición, con 65 años, una carrera para veteranos en un circuito en Nova Milanese, y resulta vencedora. Durante ese tiempo, trabajaba en un taller de su propiedad para la venta y reparación de bicicletas. No obstante, su historia no tendrá un final feliz, Alfonsina morirá trágicamente. Es el 13 de septiembre de 1959, domingo por la noche. Tras haber viajado con su moto Guzzi para ver la salida de la carrera de los Tres Valles de Varese, vuelve a casa. Alfonsina está triste: nadie la ha reconocido y así se lo cuenta a la portera de su casa. Más tarde decide ir a aparcar la moto al taller. Pero su Guzzi lleva todo el día dándole problemas. Con el pedal intenta arrancarla varias veces y, durante el enésimo intento, la moto se le cae encima. Su corazón no soporta el esfuerzo y muere antes de llegar al hospital. A Alfonsina Strada se le han dedicado varias calles en Italia, pero hasta la fecha ninguna en Perugia, ciudad donde la ciclista llegó fuera del tiempo máximo durante su primer y único Giro de Italia. Y donde, gracias a una derogación, consiguió terminar la competición y entrar en la leyenda de este deporte. Quizás la petición del periodista de Il Messaggero será satisfecha y habrá en el futuro una calle en Perugia dedicada a esta mujer extraordinaria, en el deporte y en la vida. A Alfonsina se le han dedicado también varias obras teatrales, canciones, se han escrito libros sobre su historia y se ha hablado frecuentemente de ella en los medios de comunicación. No obstante, a un siglo de distancia de sus gestas, algo nos dice que no será nunca suficiente, y que vale la pena contar su historia, siempre.
Fuente : Daniele Coltrinari

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