martes, 8 de noviembre de 2016

IV ULTRA TRAIL GRAN VUELTA AL VALLE DEL GENAL



 “Yo hago lo que tu no puedes
 y tu  haces lo que yo no puedo. 
Juntos podemos hacer grandes cosas.”
 
¡ Regad con vuestro sudor nuestra cosecha!  Aquí tenéis nuestro valle ¡¡¡CONQUISTADLO!!!  La garganta de Chito desgarra la madrugada, en la de los corredores un nudo, frontales iluminando ilusiones con la esperanza de que el camino no las apague, primeros pasos por Gaucin que nos llevan al Castillo, en las mentes castillos en el aire con el deseo de que no los derrumbe el viento del Valle, no hay duda, se dejaran el alma para que eso no ocurra.  El capitán marca la primera muesca, el Rio Genal hace de columna vertebral al recorrido donde miles, millones de Castaños comienzan a vestirse de ocre, el Valle de Cobre lo llaman, ahí vamos nosotros, somos uno pero somos cuatro, definitivamente cuatro corazones, ocho piernas pero un solo individuo, mucha prudencia en los primeros compases nos eleva al Jardón, un poco de niebla que viene a recordarnos que ahí está su casa aunque el viento de levante no la deja hoy quedarse. Aquí se escondía la trampa, cada año esta carrera es un viaje muy diferente, donde todos veíamos que empezar con lo más duro del recorrido lo haría más benevolente se convirtió en todo lo contrario, el desgaste inicial se haría patente mas tarde haciendo mella en los maltrechos cuerpos, nosotros lo teníamos claro, siempre, pero especialmente en equipo resistir es vencer, avanzando con paso firme, nuestra guerra era con nosotros mismos, conscientes de nuestras fortalezas y debilidades, o sea de nuestras circunstancias. Genaguacil, cabecera del rio y del Valle es el punto de inflexión donde se empieza a encarar  “el otro lado”, tras los Riscos, islote de afilada caliza, el azul pitufo de Juzcar nos ofrece vituallas y breve descanso para reanudar la marcha, vamos templando pero en la manga un as escondido, un puntito guardado, cae la noche al llegar a Alpandeire, si uno flaquea todos flaqueamos, seguimos siendo uno, y pasamos Atajate, cansados como no puede ser de otra manera a estas alturas pero con fuerzas para sacar el as escondido, subir esa marcha y empezar a pasar compañeros a los que los kilómetros comienzan a medirle mas de mil metros, a los que la ansiada meta de Gaucín se les antoja mucho mas lejos que momentos antes. Seguimos hasta las últimas subidas donde por momentos somos prudentes y por momentos nos pueden las ganas de llegar, y allí, mas ricos, mucho mas ricos que 21 horas antes volvemos a ver el Castillo, trote firme y porque no, orgulloso nos lleva a cruzar la meta, hemos resistido, abrazos, risas, HEMOS VENCIDO 
P.D: por siempre agradecido a Luis Amores, Pepe Godoy y Juanma Urbano por ser grandisimos compañeros en este viaje.


viernes, 12 de agosto de 2016

Sentirse libre (Subida al Veleta Plus Ultra)


Esta vez la crónica corresponde a Javier Hernández Sansalvador, padre de la criatura, un honor salir en el mítico blog de los Croquetas, sabor a tiempos del foro del atleta. 

Sentirse libre (Subida al Veleta Plus Ultra)


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Hace unos años, no muchos, no había redes sociales y a los que nos gustaban estas experiencias deportivas estábamos ya en contacto por medio de los foros. Yo entraba habitualmente en el foro EL ATLETA y muchos de los que estábamos ahí conectados ahora somos ya viejos conocidos, hemos hecho muchos kilómetros juntos. Pero una quedada veraniega propuesta por Mark Woolley me haría descubrir otra faceta del deporte que hasta ese momento no me había planteado. Quedamos en Motril un buen grupo de aficionados y subimos desde la playa hasta el Mulhacén, aquello me costó lo suyo, pero me abrió la mente hacia otra manera de disfrutar del deporte. En aquella ocasión desconocía el camino, los senderos, no había estado en el Mulhacén nunca, fue todo nuevo y excitante.
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Aquella subida se repitió otro año, aquella vez con el aliciente de dormir al raso en el Hoyo del Portillo y disfrutar de temperaturas gélidas en pleno mes de junio. Y se me ocurrió… ¿porqué dar la vuelta sobre nuestros pasos?¿porqué no continuar hasta Granada pasando por el Veleta?13912547_10207387230343703_4750583271390856798_nEl silencio del Sierra Nevada me encanta, me ha marcado, y no me deja de sorprender cada vez que subo por allí. Esa sensación de soledad en la altura y su posterior encuentro de nuevo con la otra parte es lo que buscaba, es como hacer un viaje en el que atraviesas un gran desierto.
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Quedamos hace dos años para hacerlo, éramos tres: Paco Contreras, Pedro j. Dominguez y un servidor. Mark Woolley y Nicolás Kierdelewicz salieron desde el Hoyo de la Mora a nuestro encuentro en el Mulhacén, nos acompañarían hasta sus coches de vuelta y nos darían apoyo hasta Granada, ya que no hay agua ni sitios para avituallarse.
La experiencia no salió bien, hubo una suma de desdichas: elegimos mal la hora de salida ya que no tuvimos en cuenta que nos podría coger la noche en la montaña, cosa que ocurrió; nos falló el alojamiento para descansar la noche previa y tuvimos que dormir en la furgo de Pedro, mi cuerpo no respondió bien al no haber podido descansar bien pues tuve guardia nocturna el día anterior, extraviamos durante horas las llaves del coche que habíamos dejado en el Hoyo del Portillo para poder coger la ropa para la montaña y por último el frío nocturno. Yo llegué hasta el coche y Pedro junto a Paco llegaron hasta el Hoyo de la Mora en compañía de Mark y Nico.
IMG_3215Con esa primera experiencia y sin querer involucrar a mucha gente para no ponerlos en compromiso le propuse a Pedro al año repetir el intento, pero esta vez sumando a la Subida al Veleta nuestro deseo de llegar a la playa, es decir al contrario. Facilitaba mucho la logística el que tuviéramos cubiertos los primeros 50 kilómetros y la mochila nos estaría esperando en la meta del Veleta. El único trozo que teníamos que reforzar en avituallamiento esa Órgiva-Motril, cosa que hice dejando agua escondida en unos puntos.
Para Pedro era su primera Subida, para mí la octava, y tuvo la mala fortuna de hacerse daño en un tobillo, a eso se le sumaba que había inestabilidad en el tiempo ya que había amenaza de tormenta eléctrica. Descartamos de nuevo hacerlo y lo volvimos a aplazar.
IMG_3221Y llegó el 2016, en el que estaba convencido que nos saldría. Convocamos a Manuel Tenllado, pero a última hora no pudo venir, razones familiares. Pedro y yo de nuevo nos apuntamos a la Subida y nos propusimos ir juntos hasta el Veleta, en la carrera, por el camino nos juntamos con Álvaro Pumwooky al cual procuramos distraer un poco en su primera Subida para que pudiera llegar a la meta sin pensarlo mucho, y por supuesto con Óscar Sáez que disfrutó de la Subida tanto o más de lo que le había aconsejado.IMG_3226
Al llegar al Veleta, a la meta, con un tiempo discreto (fuimos muy reservones) cogimos nuestras mochilas, yo me cambié incluso de zapatilas, y nos acercamos al punto geodésico del Veleta, era nuestro primer objetivo.
Luego nos encaminamos hacia el Mulhacén donde llegamos tres horas más tarde, en ese camino no podíamos correr, no teníamos muchas fuerzas. Pedro conocía pasos que hicieron más ameno el recorrido aunque la subida desde La Caldera se hizo eterna…
Esta vez pudimos disfrutar del Mulhacén para nosotros solos, eran las 6 de la tarde y por unos instantes éramos los individuos situados a mayor altura en toda la Península Ibérica. Desde allí la visibilidad no era tan buena como otras veces pero las vistas impresionan, es alucinante poder ver desde el mismo sitio Guadix y la Bahía de Algeciras, como si estuviéramos sobre un mapa de la zona.IMG_3230Nuestro siguiente objetivo era estar en Capileira antes de que cayera la noche, allí podríamos tomar algo en un bar y luego afrontar el trozo mas asfaltero. En el Hoyo del Portillo me cambié de nuevo las zapatillas y me dí cuenta de que me había hecho daño en un dedo, nada grave, pero molestaba. De nuevo Pedro me enseñó el sendero que lleva hasta Capileira, las veces que yo había subido lo había hecho por el carril y haciendo mas kilómetros, y es que en las anteriores quedadas me quedé atrás y nadie me había explicado bien que se podía ir fuera del carril.
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Cumpliendo nuestras previsiones llegamos a Capileira justo cuando la oscuridad se imponía con su presencia, nos sentamos en un bar y nos metimos en el cuerpo un bocadillo de alta calidad, sabíamos que los 55km que quedaban eran todo de asfalto y teníamos que estar repuestos.13975508_10207387228983669_2288734405973662357_oEl tramo Capileira-Órgiva, unos 20km, se hizo relativamente rápido, pero el sueño empezaba a pegarme golpecitos en las gafas. Es mi gran enemigo, o puedo dominarlo, Pedro no lo notaba afectado y me daba charla amena y agradable para que no cayera en la morriña. Llegamos en unas dos horas y poco.
IMG_3246Atravesamos Órgiva en completa soledad, nadie nos esperaba, paramos en una máquina dispensadora de Coca-Cola para poder aprovechar su cafeína pero no la notaba. A la salida del pueblo hacia Vélez de Benaudalla el reloj de Pedro marcó 101km, bonita cifra.
Empezamos el tramo que temía, son 35km solitarios y en plan sube y baja. Yo tenía un bajón importante y Pedro me animaba constantemente. Tras tomar otro refresco de Cola que había escondido decidí que debíamos separarnos. Pedro debía estar en Marbella a las 11, tenía compromisos y esa esclavitud horaria empezó a agobiarme por lo que le propuse que tirara, cosa que hizo y la verdad que me vino bien, nos vino bien.
Ya estando sólo me liberé de la presión de llegar a una hora y me dediqué a trotar/andar tal como me dejaba mi somnolencia, no iba del todo mal, no había otra opción, AJO&AGUA, ya llegaré. Recibí una llamada de Pedro para consultarme una duda en un cruce y pude saber por donde iba, la verdad es que no paró de correr y eso hizo que me sacara más de una hora. Cuando yo me acercaba a la N340 Pedro me saludó desde su coche, se iba a su casa. Yo me dirigí hacia la playa desviándome hacia la derecha, buscaba las playas de Salobreña, donde llegué exactamente a las 7:15 de la mañana tras 24 horas justas desde cuando salimos de Granada.
IMG_3255No llegué mal, estaba mas dormido que cansado y es que Morfeo es mi gran enemigo, siempre lo ha sido. Adormilado me repetía en la cabeza: “lo hemos conseguido y que bien lo hemos pasado”.
Y encima me sentí siempre seguro de ir acompañado por una persona de la categoría de este ubriqueño afincado en Marbella: hombre prudente, fuerte y gran conversador, de una categoría humana enorme y con unos valores muy similares a los míos con el cual fue realmente agradable pasar el día, y con el que seguro compartiré muchos mas kilómetros pues es mi gran complemento en estas cosas.
Puede resultar complicado para el que no participa en este mundo entender mis sentimientos, una vez mi amigo Iván lo comparó a la sensación que se tiene al ver a una persona que baila con cascos, el que no escucha la música difícilmente lo puede entender, pero Pedro y yo nos sentíamos RICOS, no porque hubiera aumentado nuestra riqueza económica sino porque habíamos acumulado otra experiencia, habíamos atravesado Sierra Nevada Norte-Sur (más o menos), habíamos escuchado su silencio, habíamos compartido la tarde con cabras autóctonas, habíamos sentido el sol achicharrando nuestra piel, habíamos visto el brillo de las micas, habíamos reído, habíamos liberado tensiones, nos habíamos sentido libres

viernes, 1 de julio de 2016

EL GRANDÍSIMO VALOR DE LOS PEQUEÑOS GESTOS


Esta foto tirada hace una semana tiene su origen en los últimos 90s del siglo pasado, tres micas que apenas levantaban un palmo del suelo participaban en el dia de la bicicleta en Ubrique, como es tradición el 28 de febrero día de Andalucía, y como siempre a cargo de la federación de asociaciones de vecinos, pues bien, alguien ahí tuvo la feliz idea de regalar un plantón de árbol a cada niño participante, este álamo y estos  pinos se los dieron a Ágata,Andrea y Reme que plantaron en Tavizna, unos 18 años más tarde ellas son tres mujeres que han crecido en el amor y respeto a la naturaleza, los árboles nos dan sombra y oxígeno, vida. Un pequeño gesto que reafirma la teoría del " actúa localmente, piensa globalmente. Aunque sólo hubiesen sobrevivido estos tres ya mereció la pena.
P.D. No se me olvida que se los entregó Juan Carlos Naranjo siempre implicado en actividades juveniles y vecinales, gracias.

viernes, 22 de abril de 2016

PRIMER ESPAÑOL EN PODIO DEL TOUR- BERNARDO RUIZ " EL PIPA"

    



Antes de que la historia registrase su nombre como el primer español en un podio del Tour, Bernardo Ruíz ya sabía lo que era tener callos en las manos. Lidió en la recogida del cáñamo, construyó carreteras a pie de obra, picó canteras, labró la huerta... Eran otros tiempos que hoy suenan al pleistoceno. Es la historia de Bernardo Ruíz, un superviviente de la Guerra Civil que descubrió su El dorado con el estraperlo.
Bernardo Ruíz Navarrete nació en Orihuela en 1925. Procedente de una familia muy humilde, empezó a trabajar muy pronto en el campo y repartiendo frutas y verduras. Como muchos de los muchachos de la época, empezó a utilizar una vieja bicicleta, de más de 20 kilos para realizar su quehacer diario. Un día, el dueño de un taller de bicicletas, Juan Iborra, le vio mover esa pesada bici por las cuestas de Orihuela y al ver la calidad del chaval,  le ofreció una bici menos pesada y más moderna para poder entrenarse y competir.
Bernardo Ruíz conoció el Tour por necesidad. Había hambruna, se corría para comer, era una España de subsistencia pura y dura.
De chaval, Bernardo tenía una bici. Su padre, un carro. Había terminado la Guerra. Las despensas estaban vacías. Bernardo Ruiz iba y venía cada día de Orihuela a Cartagena. Setenta kilómetros de ciudad a ciudad por carreteras de tierra, infestadas de patrullas de la Guardia Civil que buscaban a los pasajeros del estraperlo. Esa colonia de supervivientes que compraba tabaco y aceite. Trigo o maíz que molían en el molino y vendían luego en el interior de las casas. Cualquier artículo de primera necesidad en tiempos fugitivos. En ese paisaje desconocido para las generaciones de hoy, historias de bisabuelos casi más que de abuelos, Bernardo Ruíz era el espía avanzado. Él se adelantaba a su padre y su hermano, y con su bici daba aviso del peligro a los carros.
"Me sacaba ocho o nueve pesetas al día", recuerda. Tantos kilómetros hizo de Orihuela a Cartagena, tantos días se machacó en busca del pan, que cinceló unas piernas de hierro por esos caminos que trituraban los antebrazos. "Pero si no había asfalto en España por entonces", dice hoy.
Así las cosas, Bernardo Ruíz empezó a correr carreras locales y regionales a los 18 años, con una bicicleta que le regaló su hermano Tomas. Ello le permitía ganar un dinerillo extra ante los escasos recursos que le aportaba su trabajo.  Pronto empezó a destacar y a ganar carreras, como la Vuelta a Valencia, en 1944 y 1945. En ese año de 1945, la Volta a Catalunya, la carrera más antigua de España, celebraba su 25 aniversario y Bernardo pudo participar en ella gracias a una suscripción popular en Orihuela y pueblos aledaños. Llegó a Barcelona con 350 pesetas, corrió sin equipo y… ganó.  Esa victoria le permitió ganar 17.000 pesetas con las que se hizo profesional.


Participó en la Vuelta a España, carrera que ganó brillantemente en 1948, con sólo 23 años, demostrando su poderío al vencer también el Gran Premio de la Montaña y 3 etapas. “El Pipa”, un corredor que nunca pinchaba, se aprovechó de un pinchazo de su gran rival, el vasco Dalmacio Langarica, en la 12ª etapa entre Bilbao y San Sebastián, para hacerse con el maillot de líder y no abandonarlo hasta Madrid.
Sin españoles en el Tour desde 1938, el régimen franquista quería internacionalizarse y decidió, en 1949,  enviar un equipo nacional donde no podían faltar Ruiz y Langarica, junto con Julián Berrendero, único superviviente del equipo de 1938 y vencedor de etapa en 1937. La experiencia se saldó en fracaso al abandonar los seis componentes antes de la 6ª etapa, decidiendo no participar al año siguiente.


Un paraíso en Francia
Conoció el Tour en 1948. Y aquella carrera tortuosa por Francia, pavés y ladrillo en el norte, carreteras bombeadas como barrigas por el centro del país, caminos de tierra en los Pirineos y los Alpes, le pareció un paraíso comparado con España. "Los hoteles estaban muy bien y en los avituallamientos nos daban pastelillos de arroz, bocadillos de jamón, frutos secos, agua y té. Había mucho asfalto de galipote, como de cristal. Era un milagro que nadie se matase en los descensos. No había compañeros. Todos nos peleábamos entre sí en los equipos. Se corría para ganar. Todo eso de la regularidad y la combatividad es una tontería".
"El Tour, ¡qué carrera! Lo único que tenías seguro en el Tour es que nunca te podías perder. La gente formaba un cordón desde la salida a la meta. Era la fiesta nacional francesa, el deporte del pueblo. Luego vino el fútbol... En 1949 abandonamos todo el equipo español en pleno. Fue una deshonra. Nos querían matar al llegar a España. Nos subimos todos al camión. No había coches de equipo. El ejército francés nos daba un jeep blanco que había que esconder por la noche. Lo guardaban los gendarmes y nos lo entregaban a la mañana siguiente. Esto era porque los exiliados españoles nos ponían a caldo. Nos llamaban franquistas, nos querían pegar, nos decían de todo".
Fue tres veces campeón de España en ruta (1946, 48 y 51) y una de montaña (1958). Y ganó la Vuelta a España 1948.
La historia rural del ciclismo, el deporte popular. "Fui el primer corredor profesional en España -cuenta orgulloso-. En el año 50 el sueldo ya me llegaba para vivir bien".
De vuelta en 1951, nuestro Bernardo Ruiz se erigió en gran protagonista de la gran ronda francesa, al ganar 2 etapas de montaña y terminado 9º en la general final  justo por delante del gran Coppi. Era la primera vez que un español ganaba dos etapas en el mismo Tour. En ambas, “Bernardino” (como empezaban a conocerle en Francia) ganó escapado salvando cuantos puertos de montaña se le pusieron por delante.
En el Tour de aquel año, Fausto Coppi acudía con sed de venganza después de su decepcionante actuación en 1951. Y lo consiguió, sumando su segundo doblete Giro-Tour, algo inaudito en aquel momento. “Il campionissimo” se enfundaría el maillot amarillo tras una gran exhibición en la 10ª etapa, con llegada al ahora mítico Alpe d’Huez. Bernardo Ruiz, líder del equipo español, no tuvo su día, pero al día siguiente llegó tras el genio italiano e inició una remontada merced a una gran regularidad. Una descollante actuación en la última contrarreloj, de 63 kms, le permitó adelantar a dos vencedores del Tour como Gino Bartali y Jean Robic y auparse al tercer puesto definitivo, tras Coppi y el belga Stan Ockers.
Este éxito sin precedentes del ciclista oriolano, aunque quedó un poco ensombrecido al coincidir con la celebración del los Juegos Olímpicos de Helsinki, supuso el espaldarazo definitivo para el ciclismo español. Tan solo dos años después, en 1954, debutaba en el Tour un tal Federico Martín Bahamontes, ganando por primera vez el Gran Premio de la Montaña. El toledano entraría en la leyenda pocos años después al ganar el Tour, en 1959.
La irrupción de Bahamontes y de su gran rival Jesús Loroño colocó de inmediato a “El Pipa” en un segundo plano, pero eso no evitó que en 1955 consiguiera otro hito: ser el primer español en vencer en una etapa del Giro de Italia.

Fuente: Ciclografías.

PRIMER ESPAÑOL EN PODIO DEL TOUR- BERNARDO RUIZ " EL PIPA"

    

Antes de que la historia registrase su nombre como el primer español en un podio del Tour, Bernardo Ruíz ya sabía lo que era tener callos en las manos. Lidió en la recogida del cáñamo, construyó carreteras a pie de obra, picó canteras, labró la huerta... Eran otros tiempos que hoy suenan al pleistoceno. Es la historia de Bernardo Ruíz, un superviviente de la Guerra Civil que descubrió su El dorado con el estraperlo.
Bernardo Ruíz Navarrete nació en Orihuela en 1925. Procedente de una familia muy humilde, empezó a trabajar muy pronto en el campo y repartiendo frutas y verduras. Como muchos de los muchachos de la época, empezó a utilizar una vieja bicicleta, de más de 20 kilos para realizar su quehacer diario. Un día, el dueño de un taller de bicicletas, Juan Iborra, le vio mover esa pesada bici por las cuestas de Orihuela y al ver la calidad del chaval,  le ofreció una bici menos pesada y más moderna para poder entrenarse y competir.
Bernardo Ruíz conoció el Tour por necesidad. Había hambruna, se corría para comer, era una España de subsistencia pura y dura.
De chaval, Bernardo tenía una bici. Su padre, un carro. Había terminado la Guerra. Las despensas estaban vacías. Bernardo Ruiz iba y venía cada día de Orihuela a Cartagena. Setenta kilómetros de ciudad a ciudad por carreteras de tierra, infestadas de patrullas de la Guardia Civil que buscaban a los pasajeros del estraperlo. Esa colonia de supervivientes que compraba tabaco y aceite. Trigo o maíz que molían en el molino y vendían luego en el interior de las casas. Cualquier artículo de primera necesidad en tiempos fugitivos. En ese paisaje desconocido para las generaciones de hoy, historias de bisabuelos casi más que de abuelos, Bernardo Ruíz era el espía avanzado. Él se adelantaba a su padre y su hermano, y con su bici daba aviso del peligro a los carros.
"Me sacaba ocho o nueve pesetas al día", recuerda. Tantos kilómetros hizo de Orihuela a Cartagena, tantos días se machacó en busca del pan, que cinceló unas piernas de hierro por esos caminos que trituraban los antebrazos. "Pero si no había asfalto en España por entonces", dice hoy.
Así las cosas, Bernardo Ruíz empezó a correr carreras locales y regionales a los 18 años, con una bicicleta que le regaló su hermano Tomas. Ello le permitía ganar un dinerillo extra ante los escasos recursos que le aportaba su trabajo.  Pronto empezó a destacar y a ganar carreras, como la Vuelta a Valencia, en 1944 y 1945. En ese año de 1945, la Volta a Catalunya, la carrera más antigua de España, celebraba su 25 aniversario y Bernardo pudo participar en ella gracias a una suscripción popular en Orihuela y pueblos aledaños. Llegó a Barcelona con 350 pesetas, corrió sin equipo y… ganó.  Esa victoria le permitió ganar 17.000 pesetas con las que se hizo profesional.
Participó en la Vuelta a España, carrera que ganó brillantemente en 1948, con sólo 23 años, demostrando su poderío al vencer también el Gran Premio de la Montaña y 3 etapas. “El Pipa”, un corredor que nunca pinchaba, se aprovechó de un pinchazo de su gran rival, el vasco Dalmacio Langarica, en la 12ª etapa entre Bilbao y San Sebastián, para hacerse con el maillot de líder y no abandonarlo hasta Madrid.
Sin españoles en el Tour desde 1938, el régimen franquista quería internacionalizarse y decidió, en 1949,  enviar un equipo nacional donde no podían faltar Ruiz y Langarica, junto con Julián Berrendero, único superviviente del equipo de 1938 y vencedor de etapa en 1937. La experiencia se saldó en fracaso al abandonar los seis componentes antes de la 6ª etapa, decidiendo no participar al año siguiente.
Un paraíso en Francia
Conoció el Tour en 1948. Y aquella carrera tortuosa por Francia, pavés y ladrillo en el norte, carreteras bombeadas como barrigas por el centro del país, caminos de tierra en los Pirineos y los Alpes, le pareció un paraíso comparado con España. "Los hoteles estaban muy bien y en los avituallamientos nos daban pastelillos de arroz, bocadillos de jamón, frutos secos, agua y té. Había mucho asfalto de galipote, como de cristal. Era un milagro que nadie se matase en los descensos. No había compañeros. Todos nos peleábamos entre sí en los equipos. Se corría para ganar. Todo eso de la regularidad y la combatividad es una tontería".
"El Tour, ¡qué carrera! Lo único que tenías seguro en el Tour es que nunca te podías perder. La gente formaba un cordón desde la salida a la meta. Era la fiesta nacional francesa, el deporte del pueblo. Luego vino el fútbol... En 1949 abandonamos todo el equipo español en pleno. Fue una deshonra. Nos querían matar al llegar a España. Nos subimos todos al camión. No había coches de equipo. El ejército francés nos daba un jeep blanco que había que esconder por la noche. Lo guardaban los gendarmes y nos lo entregaban a la mañana siguiente. Esto era porque los exiliados españoles nos ponían a caldo. Nos llamaban franquistas, nos querían pegar, nos decían de todo".
Fue tres veces campeón de España en ruta (1946, 48 y 51) y una de montaña (1958). Y ganó la Vuelta a España 1948.
La historia rural del ciclismo, el deporte popular. "Fui el primer corredor profesional en España -cuenta orgulloso-. En el año 50 el sueldo ya me llegaba para vivir bien".
De vuelta en 1951, nuestro Bernardo Ruiz se erigió en gran protagonista de la gran ronda francesa, al ganar 2 etapas de montaña y terminado 9º en la general final  justo por delante del gran Coppi. Era la primera vez que un español ganaba dos etapas en el mismo Tour. En ambas, “Bernardino” (como empezaban a conocerle en Francia) ganó escapado salvando cuantos puertos de montaña se le pusieron por delante.
En el Tour de aquel año, Fausto Coppi acudía con sed de venganza después de su decepcionante actuación en 1951. Y lo consiguió, sumando su segundo doblete Giro-Tour, algo inaudito en aquel momento. “Il campionissimo” se enfundaría el maillot amarillo tras una gran exhibición en la 10ª etapa, con llegada al ahora mítico Alpe d’Huez. Bernardo Ruiz, líder del equipo español, no tuvo su día, pero al día siguiente llegó tras el genio italiano e inició una remontada merced a una gran regularidad. Una descollante actuación en la última contrarreloj, de 63 kms, le permitó adelantar a dos vencedores del Tour como Gino Bartali y Jean Robic y auparse al tercer puesto definitivo, tras Coppi y el belga Stan Ockers.
Este éxito sin precedentes del ciclista oriolano, aunque quedó un poco ensombrecido al coincidir con la celebración del los Juegos Olímpicos de Helsinki, supuso el espaldarazo definitivo para el ciclismo español. Tan solo dos años después, en 1954, debutaba en el Tour un tal Federico Martín Bahamontes, ganando por primera vez el Gran Premio de la Montaña. El toledano entraría en la leyenda pocos años después al ganar el Tour, en 1959.
La irrupción de Bahamontes y de su gran rival Jesús Loroño colocó de inmediato a “El Pipa” en un segundo plano, pero eso no evitó que en 1955 consiguiera otro hito: ser el primer español en vencer en una etapa del Giro de Italia.

viernes, 15 de abril de 2016

ALCORNOCALIZA TRAIL....UBRIQUE.....ULTRA NATURAL

FOTO PEDRO SANCHEZ

Madrugada de primavera en Ubrique,, frontera entre el Parque Natural de los Alcornocales y el de la Sierra de Grazalema, mientras en el primero empiezan a desperezar corzos y venados corredores ágiles en el primer bucle, en el segundo cabras montesas observaran a los buitres calentarse al sol, hoy planearan contentos sabedores  de que  habrá carnaza fresca. En la plaza del pueblo un grupo de corremontes, especie de reciente decubrimiento, salen espoleados por los gritos de Chito, su medio natural no está entre los coches y las casas, por unas horas este serán los caminos y vereas, los bosque y montañas, por un camino jalonado de antorchas cambian las luces del pueblo por la de los frontales, ojos abiertos como los mochuelos, buhos y otras rapaces nocturnas que a buen seguro observan el paso de los corredores. Dos mil años atrás el hombre construyó el puente que definivamente los lleva allá fuera, al iniciar la subida pronto destacan los mas veloces, pero  en el reino animal no siempre vencen a los mas resistentes, en el reino de la arenisca y el alcornoque las primeras luces del alba
FOTO MANOLO CANTO
regalan a la vista un espectáculo sin igual, los helechos escoltan el paso, pasos amortiguados sobre un manto de hojas con el musgo trepando sobre el sagrado corcho, El Berrueco, EL Peruétano, La Calderona y el Cerro del Castillo, unos segundos para levantar la mirada y ver allá en el horizonte desde Gibraltar hasta África, la otra casa de esas aves que como estos, migran de un lado a otro. Y de pronto un giro a la izquierda, la joya que Juan Barea muestra en este bucle,  nos retrotrae 30 millones de años, ya de a uno o en pequeños grupos ascienden por la Garganta Casilla de Loberos, el arroyo al lado pone la cantinela a un paraje de ensueño, los canutos de los alcornocales, reducto de la era terciaria, bosques de Laurisilva  ejemplo de que si eso se ha mantenido ahí puede haber esperanza de que el hombre no destruya lo que queda, en nuestras manos está. Un respiro en la Carrera del Caballo y vuelta al punto de partida por los carriles que ahora en buen estado, llevan cientos de años transitados por los burros y mulos de los corcheros, duro trabajo que ha sido el sustento de buena parte de la población cercana y que en los meses estivales podemos tener el lujo de seguir observando. De pronto se abren los arboles, los corredores van desfilando, ahora mas separados, por el Mojón de la Víbora, y al frente la
mole caliza de la Sierra de Ubrique y sobre ella la del Caillo, Parque Natural Sierra de Grazalema, pero antes de visitarlas hay que bajar a Ubrique, lo que a la ida eran jadeos para tomar aire ya se va convirtiendo en dolor de piernas, en satisfacción porque se va a terminar una parte pero aun mas en dudas sobre lo que deparará el durísimo segundo trayecto de este magnifico viaje. Con apenas tiempo para avituallarse y recibir los ánimos de los amigos vuelven a partir  ahora por el casco antiguo, autentico sabor a pueblo, y comienzan a aparecer piedras y mas piedras, terreno áspero y escarpado el paso de los Pedernales, piedra de pedernal inscrutada en la caliza utilizada en la prehistoria para construir herramientas y todavía para producir chispa para el fuego,  un respiro de alivio en la meseta de Sierra Baja que dura poco, la Garganta de Barría ahora abajo es el nuevo destino camino que apenas se intuye jalonado de afiladas piedras que saltando cual cervatillo hay que ir sorteando, y eso también desgasta, también hace mella en los castigados cuerpos, el sol se acerca al cenit pero al igual que los animales buscan los aguaeros, aparece uno y se cruza una y otra vez, refresco que durará poco  ante una nueva subida, un nuevo bocado en las fuerzas, impresionante los Llanos del Republicano que se
abren ante los ojos, pero son demasiado llanos e inmediatamente hay que abandonarlos por otra joya, el precioso y zigzageante camino ganado a las rocas que lleva al Refugio de los Pinsapos y de este al del Correo, aljibes para guardar el preciado liquido ahora reconvertidos en cobijo de algún ocasional montañero, para la gran mayoría de la manada las zancadas se van tornando lentas y pesadas todavía lejos pero se intuye el final, aunque  a estas alturas alguno mira al cielo, retando a los buitres, como queriendo decirle que planeen sobre otro " voy a apurar lo que me queda para llegar, destrozado, roto, pero mas vivo que nunca". Villaluenga, último respiro, última parada para tomar aliento, última mirada al frente, un vistazo allá arriba, llenar los pulmones de aire antes de asaltar la subida del Puerto del Ahorcado,  la Sierra del Caillo se muestra como una autentica pared que desde ahí parece infranqueable, la mirada ahora clavada en el camino, de pronto la única preocupación es dar un  lento paso tras otro, un vistazo de soslayo para ver lo que queda,
llegada al Navazo Alto, y la madre naturaleza les recarga de energía, duele, pero duele menos cuando saben que allá abajo se intuye Benaocaz, de repente parecen creerse, aunque solo sea eso, creen bajar como las ágiles cabras montesas que observan atónitas el desfile de colores que transitan sus dominios. Barrió Nazarí, Benaocaz, Calzada Romana,  cuantas historias habrán visto pasar esas mismas paredes que se pueden tocar al pasar, historias como la de estos que ahora pasan, cada uno tiene la suya propia, su aventura, se ha vencido a si mismo y a sus miedos, eso de ahí es Ubrique, a tiro de piedra, van a lograrlo y lo saben, alcanzaran cada uno su propia meta, en la Plaza el arco, gritos y aplausos, emoción al compartirlo con los demás, pero la satisfacción es propia, intima, en la cabeza y en el corazón se llevan grabados a fuego los obstáculos salvados no solo en este día también los superados para estar en la linea de salida.
FOTO MANOLO CANTO.



Gracia a Juan Barea, Camila y su formidable equipo de voluntarios  que antes o en la propia sierra hacen posible todo esto.
P.D. algunas fotos son que tenía descargadas de internet y no se la autoría, si de quien sean me lo dicen edito para ponerlas.



lunes, 7 de marzo de 2016

V ULTRA TRAIL SIERRAS DEL BANDOLERO

Foto de Manolo Canto
Hay pruebas de diferentes deportes, diferentes tipo de carrera, hay carreras de montaña, las hay mas técnicas, menos, con poco desnivel, con mucho, también están las ultras, de menos y de mas largo recorrido, pues bien, puedes olvidarte de todo esto si a lo que planeas enfrentarte es al UTSB, si lo que quieres es estar en la plaza de Prado del Rey un viernes de primeros de marzo a las 6 de la tarde y lo que sueñas es volver a ella, cuerpo maltrecho, antes de las 10 del domingo. Bandoleros no es una carrera, menos aun una competición contra otros, es una aventura, un viaje de ida y vuelta donde debes de volver mucho mas rico de lo que partiste, donde debes intentar controlar todo lo que de ti dependa, entrena, equípate, aprende a comer, a gestionar tus dolores y tus pensamientos, tus euforias, tus fobias y tus miedos y aun así esto no será mas que una parte, el son de la música de Curro Jimenez lo que haces es enfrentarte al verdadero juez, LA MONTAÑA, kilómetro tras kilómetro, piedra tras piedra, subidas que te robaran el aliento y bajadas que van  a poner a prueba tus piernas y tu concentración, y si ELLA lo decide ese día le dará otra vuelta de tuerca, y te reta, y llega el frío, la niebla y la lluvia, y le tienes que plantar cara, decirle con humildad pero con firmeza "hoy no me doblegaras, permítemelo, hoy GANO YO".
Con Antonio Tineo y Pepe Godoy

Y me tocó que me pusiese a prueba, puso una piedra en la bajada del Albarracín y mea culpa,  no iba yo suficientemente concentrado y cuando me di cuenta me había levantado con un fuerte golpe en el pecho, pero no quise ponérselo fácil o tal vez no quise creérmelo, esto no es nada, por delante la subida al pto del Boyar y al de las Presillas, y bajar, y bajando bajé a la realidad, dolor al respirar, al girar el tronco o simplemente al mover el brazo, sufrimiento, por saber que mi linea de meta estaba en Villaluenga del Rosario a unos diez kilómetros, increíblemente a casi cuatro horas con niebla, lluvia y frío, esta vez me había retado y derrotado, o tal vez me ha gritado que vuelva el año que viene a vivir una nueva aventura de final incierto.
Foto de Alvaro Andrades (Gilcross)
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